¿Cómo quiero vivir este 2021?

Cuando estás viviendo la muerte de un ser querido y te encuentras inmersa en un proceso de duelo, el tiempo, aquello que pensamos, sentimos y hacemos, puede perder sentido y dirección.

Como ser un reloj sin agujas, un reloj que no puede dar las horas ni los minutos. Por un tiempo, somos como una brújula desorientada, sin puntos cardinales. Una veleta que gira y gira y no sabe por dónde le da el aire.

Nos desajustamos y durante el proceso de duelo aprendemos a regularnos. Poco a poco, minuto a minuto, día a día, emoción a emoción, canción a canción, paso a paso, palabra a palabra, decisión a decisión.

El duelo, duele. Y el dolor nos hace entrar en modo “supervivencia”, lo que nos puede hacer sentir vulnerables, indefensos, con poco control. También nos puede hacer creer que no podemos realizar nada para aliviar nuestro dolor o salir de él. Y esto también dura un tiempo. El necesario para darnos cuenta de que es a través del dolor, de las subidas y bajadas de esa montaña rusa, donde aprendemos la capacidad de tomar las riendas de nuestros procesos, de nuestro dolor y de nuestro momento.

A menudo, nos vienen las palabras de un gran terapeuta que decía algo así como: “El único tiempo en el que se puede vivir cuando estás transitando un duelo es el presente, porque si nos vamos al pasado, nos duelen mucho los recuerdos, y si nos adelantamos a pensar en el futuro, nos duele la ansiedad y los ‘para siempre’”.

En este sentido, la pregunta de cómo quiero vivir este 2021 puede sonar, de primeras, demasiado “grande”. Pero creemos que sintetiza la actitud de lo que queremos decir en este escrito: que a pesar del dolor, podemos volver a impulsarnos y motivarnos si nos fijamos unos objetivos reales y acordes a nuestras necesidades y a nuestro momento.

Lejos de las tradicionales listas de propuestas y metodologías “estrella” para conseguir esos objetivos de nuevo año, queremos lanzaros algunas cuestiones para que podáis pensar en ellas y, desde ahí, definir y plantearos vuestro presente:

  • ¿Cómo estoy en este momento de mi vida? ¿Qué siento?
  • ¿Qué me aporta bienestar?
  • ¿Qué me genera malestar?
  • ¿Qué necesito?
  • ¿Qué me “sobra” en este momento?
  • ¿Qué me ayuda?
  • ¿Qué me hace sentir segura?
  • ¿Qué me genera miedo o inseguridad?
  • ¿Qué me motiva?
  • ¿Qué me gustaría hacer que no hago?
  • ¿Qué me lo impide?
  • ¿Cómo puedo conseguir aquello que me propongo?

Esperamos que estas preguntas os puedan aportar “brújulas” para empezar este nuevo año.

Dicen que ser feliz es una decisión. Nosotras creemos que es un conjunto de muchas decisiones y todas empiezan por preguntarnos qué necesitamos, cómo podemos cuidarnos y cómo podemos mejorar (aprender- nos) aquello que somos y hacemos.

Nos encantaría que os animaseis a compartir vuestras reflexiones y objetivos.

Buen camino y Buen caminar en este 2021.

2020 se marcha, termina, se acaba, pasa

Año 2020, mayoría de edad, 18 años de vida, caos, miedo, cambios, consciencia, fuerza, capacidad, equipo, despedidas, bienvenidas, vida, muerte…

Son tantas las palabras que podrían definir este año que estas se nos quedan cortas. 2020 empezó entre risas y bailes en una de nuestras cenas de Navidad, compartiéndonos ilusiones las unas a los otros sobre cómo fantaseábamos un año que sin duda tenía toda la pinta de que cambiaría nuestras vidas. Lo que no teníamos ni idea era del giro tan inesperado que nos tocaba afrontar.

Hablábamos de celebrar, de la mayoría de edad de nuestra asociación, hablábamos del recorrido de vida y de todos los cambios que hasta ese momento habíamos afrontado… ¡y nos parecían muchos! No sabíamos lo que estaba por llegar…

2020 nos ha cambiado la vida, todos y todas hemos vivido un gran duelo social. 2020 ha sido probablemente el año del duelo, de la muerte y del dolor. Y ahí hemos estado, siendo soporte.

Cuantos miedos compartidos, cuanta consciencia y cuanta capacidad. Esto también nos lo ha enseñado este “curioso” año. Los cimientos y las bases sirven para sostener y sin duda las tenemos.

Hemos sostenido, te hemos sostenido y nos hemos sostenido entre nosotras porque a días, a ratos, nos temblaba el suelo, el alma, el corazón…

Último día del año, momento para nosotras como equipo también de reflexión y, por qué no, de dar gracias.

Gracias a ti que nos lees.
Gracias a ti, que nos has dejado acompañarte y ser parte de tu vida este año, que nos has dejado “entrar” en tu casa a través de un ordenador, de un móvil. Gracias a ti, que has confiado en nosotras, que nos has abierto tu corazón y nos has enseñado una vez más que el dolor duele, que el dolor sana, y que cuando es compartido se lleva mejor.

Gracias a cada persona que ha ayudado a sostener esta entidad en un año tan duro. GRACIAS junta (Fernando, Eliana, José Joaquín, Amaya, Joaquín, Nati, Sara). GRACIAS voluntarios (Dani, Silbia, Leire, MariJose, Alberto, Arantza, Mari Mar y tantos otros). Y GRACIAS a cada persona que en este 2020 ha aportado su pequeño o gran granito de arena a este proyecto que cada día tiene más luz para poder acompañar en la oscuridad.

2020 se marcha, termina, se acaba, pasa.

Gracias vida por darnos el permiso de vivirlo y gracias muerte por enseñarnos tanto cada día.

Vivamos la vida despiertos. Sin despistarnos.

Sintiendo, permitiendo, recordando.

 

Equipo de Goizargi

¿Qué nos sucede y nos afecta a las personas que estamos viviendo un duelo en Navidad?

Como cada año, nos gustaría dedicar este escrito a reflexionar sobre diferentes cosas que nos suceden y nos afectan a las personas que hemos vivido o estamos viviendo un proceso de duelo en estas fechas tan “especiales” como son las Navidades.

Y lo hacemos con el afán de dar un lugar al dolor, de normalizar aquello que sentimos y de encontrar paz y serenidad entre todo ello. Porque todo lo que vivimos durante el duelo también ocurre en Navidad, con más intensidad si cabe, y creemos que merece ser compartido y tenido en cuenta. Así que, allá vamos.

Nos vienen a la cabeza y al corazón frases de personas con las que hemos compartido en Goizargi y que hemos ido recopilando a lo largo de estos días; pero también podemos recordarlas de personas de años atrás.

Da igual cuanto tiempo pase, las personas que hemos vivido un duelo hablamos el mismo idioma, y hay fechas marcadas en el calendario que hacen que se reaviven más los sentimientos, como estas. Y tenemos sentires muy similares, al menos en los inicios de este duro proceso:

“Ojalá pudiese dormirme hoy y despertarme el 7 de enero”. “No quiero celebrar nada, pero tengo que hacerlo por mi familia, asi que me pondré el ‘disfraz de persona normal’ y ahí estaré”. “Me desgarra ver a toda la familia menos a él o a ella”. “Que a gusto me quedaría en casa sola o me iría a un lugar lejos de aquí”. “La Nochevieja es el momento que más me preocupa, era el más importante para nosotros y no sé si me voy a poder contener…”. “No quiero llorar delante de la familia”. “No tengo nada que celebrar, nada tiene sentido para mí”.

Celebraciones, regalos, música, luces de colores, serpentinas, encuentros… nada que ver con la realidad que vivimos en nuestros corazones como dolientes.

Recuerdos, dolor, tristeza, nostalgia, enfado, miedo, preocupación, ansiedad, desgana, soledad. Qué duro, pero esto es lo que hay. Y no se va porque sea Navidad.

Pero… ¿hay algo que podamos hacer con todo esto? Sí y no.

No podemos traerles de vuelta. No podemos cambiar lo que ha pasado.

No podemos vivir eternamente en los “ojalás”, porque las fantasías no existen.

No podemos huir de nuestra realidad de duelo, porque nos sigue allá donde vamos.

No podemos volver atrás y tampoco acelerar el tiempo hasta el siete de enero.

No podemos quitarnos el dolor.

No podemos disimular nuestra tristeza, aunque nos empeñemos.

Sí podemos entender nuestro dolor. Y el de las personas que nos rodean.

Sí podemos vivir dos emociones contradictorias, aunque duela, y no tenemos porque elegir.

Sí podemos entender que nuestro dolor nos pertenece y, por lo tanto, no es juzgable ni “quitable”.

Sí podemos vivir aquello que sentimos y darnos permiso para expresarlo.

Sí podemos ayudar y facilitar para que esto suceda.

Sí podemos decidir no celebrar nada.

Sí podemos decidir cómo, cuándo, dónde y cuánto queremos estar.

Sí podemos reconstruirnos en soledad. Y acompañados.

Sí podemos recordar, aunque no quedarnos a vivir de los recuerdos.

Sí podemos valorar y honrar lo que tuvimos y lo que tenemos.

Sí podemos necesitar tiempo a solas. Tienes derecho.

Sí puedes brindar, porque eso no excluye que sientas dolor, que estés en duelo.

… Y un montón de cosas más. Pero a veces una o uno mismo tiene que vivir ciertas cosas para poder aprender. Para poder creer que sí, que se puede; que duele, pero que las heridas se curan.

Desde Goizargi os mandamos un abrazo enorme de todo corazón. Os tendremos presentes tanto como cada día.

Brindaremos por los que somos, por los que estamos y por los que nos cuidan desde allí arriba, siempre presentes.

Os mandamos un abrazo enorme de corazón.

Equipo de Goizargi.

«El árbol de los recuerdos», cuento para acompañar a los peques en el proceso de entender la muerte

En esta ocasión queremos compartiros uno de nuestros cuentos preferidos, “El Árbol de los recuerdos”, de Britta Teckentrup, como recurso para acompañar a los más pequeños de la casa en el proceso de entender la muerte y también de vivir la pérdida de un ser querido.

Es un cuento recomendado para niños y niñas a partir de tres años y podéis encontrarlo fácilmente en cualquier librería de vuestra zona.

El “Árbol de los recuerdos” cuenta la historia de Zorro, el “prota” de este cuento:

“Zorro había tenido una vida larga y feliz, pero ahora estaba cansado. Observó su querido bosque una última vez y se quedó dormido para siempre”.

También cuenta la historia de cómo los amigos de Zorro viven la muerte de su amigo y como al recordar diferentes momentos, su corazón se va sanando.

Este libro tiene unas ilustraciones muy bonitas y cargadas de emoción, invitan a quien lo lee a adentrarse en el bosque y olerlo, a sentir la nieve, a observar el lindo paisaje, a caminar despacito por esta historia y por aquello que nos va sucediendo mientras la vamos leyendo.

Nos encanta este cuento porque nombra la muerte y nos permite reflexionar sobre ella y las emociones asociadas al duelo como la tristeza, la nostalgia y la alegría. También nombra realidades que no son fáciles de tratar y menos en un cuento como es la despedida.

En la historia, los amigos de Zorro uno a uno se van reuniendo para recordar la vida junto a él. En un momento dado, se dan cuenta que donde ha muerto Zorro está empezando a crecer una plantita, y que cuantos más recuerdos cuentan y cuanto más sienten, más crece. Acaba siendo el árbol más grande del bosque.

El amor no se acaba con la muerte”. Este es el mensaje final del libro. ¡Y cuánto nos cura saberlo y sentirlo! porque a veces el dolor nos hace olvidarlo.

Os animamos a que podáis leerlo primero los adultos y después hacerlo con los txikis. Además, os proponemos una actividad o “receta para el corazón”, que decimos en Goizargi, para que podáis hacer con ellos y ellas tras la lectura del cuento. Ahí va:


  1. Escoged un lugar cómodo, seguro y que sepáis que no vais a ser interrumpidos o molestados por nadie para poder leer el cuento tranquilamente.
  2. Leed el cuento despacio, deteniéndoos en observar las ilustraciones, fijándoos en diferentes detalles, dando lugar a posibles preguntas o reflexiones del momento.
  3. Al finalizar el libro podéis compartir las siguientes reflexiones para trabajar la comprensión, empatía, etc.:
    Preguntas referidas a la historia: ¿Qué crees que le ha pasado a Zorro? ¿Cómo crees que se sentía? ¿Y sus amigos? ¿Cómo crees que se sentían?
    ¿Cómo os habéis sentido?
    ¿Qué es lo que más os ha gustado y lo que menos?
  4. Plantar una semilla/planta/árbol en una maceta. Explicad que será nuestra “Planta de los Recuerdos” y que nos ayudará por un tiempo a recordar e inmortalizar a nuestro ser querido. Podéis compartir recuerdos o emociones mientras lleváis a cabo el proceso de plantación. Podéis colocarla en un lugar común para todos.
  5. Importante que entre todos cuidéis la planta, busquéis momentos para recordar, hablar y sentir.

Como veis, es un ejercicio muy sencillo, pero que está cargado de simbolismo y amor.

Nuestra experiencia nos dice que ayuda, que da lugar a la comunicación y a la reflexión, al amor, y que eso siempre sana y siempre suma.

¡Si lo hacéis, contadnos que tal os ha ido!

¡Gracias!

Aquí y ahora: reflexiones sobre «Eso que tú me das»

Hace unos días, fui al cine y vi el documental de Pau Donés (1966-2020), cantante, compositor y guitarrista del conocido grupo “Jarabe de Palo”, y me llené de cosas sobre las que escribir.

El documental “Eso que tú me das” recoge la última entrevista de Pau, enfermo terminal de cáncer, tres semanas antes de su muerte. Pau nos regala una bella despedida y una gran colección de aprendizajes vitales al final de su camino.

Para mí, fueron 60 minutos de “alarma”, de “despertador”, de “eurekas vitales”, y me gustaría compartir con vosotras y vosotros, en formato “muy de casa”, algunas de las frases y reflexiones con las que me quedo.

Ahí van:

 

– “Los Despistadores. Ladrones de Vida”

Parece el título de una película, pero no.

La palabra “despistadores” es una palabra que he decidido utilizar para nombrar a todas aquellas cosas que me distraen de lo verdaderamente importante en la vida, y lo cierto es que desde que lo hago puedo estar más atenta y perderme menos en aquello que me roba energía, salud, tiempo, sueño, tranquilidad, serenidad, alegría, amistad, amor…

A veces nos perdemos porque no sabemos que es lo importante. Que es lo urgente.

A veces nos olvidamos de lo que realmente necesitamos para vivir.

Cuando estamos despistados no agarramos el momento presente.

Vivir es estar con lo que hay.

Es sentir lo que estás sintiendo en el ahora, en el momento presente. Sentir lo que estás haciendo, lo que está ocurriendo, lo que estás tocando, lo que estás escuchando, lo que estás oliendo, saboreando…

Si no estamos en nosotras mismas, en nuestro centro, en nuestro ahora, no podemos decidir ni hacer qué es lo que necesitamos ahora.

Quizás la tarea esté en construir un buen presente para no necesitar fugarnos y en preguntarnos:

¿Qué es lo verdaderamente importante para mí? ¿Qué necesito para vivir y sentirme viva o vivo? ¿Cuáles son mis despistadores?

 

– “A veces, el dolor es un pellizco de realidad”

Me refiero a ese dolor “fértil”, que enseña y nos ayuda e impulsa a transitar situaciones o procesos vitales difíciles.

Este título me conecta con que el dolor emocional tiene sus funciones, con como a veces nos limitamos el sentir o el experienciar emociones dolorosas y que al hacerlo, nos limitamos también la posibilidad de experimentar justo el otro extremo de la polaridad: la alegría, la serenidad, la calma…

Este tipo de dolor emocional nos conecta con la realidad. Nos conecta con nuestras necesidades y con nuestros límites. Y desde ahí nos invita a reaccionar, a reinventarnos, a hacer “inventario” de qué tenemos y de qué necesitamos desprendernos.

Si lo evitamos, la posibilidad de crecer y evolucionar en nuestra vida desaparece.

«… todo ser humano necesita gozar sus gozos y sufrir sus sufrimientos”. No recuerdo de quien es la cita, pero precisamente hablo de esto, de que hemos olvidado la segunda parte de la ecuación.

Quizás la tarea esté en normalizar el dolor, en darnos un tiempo de “dolernos”, y en preguntarnos a nosotros mismos como reaccionamos ante nuestro dolor, si lo escuchamos, si lo evitamos y, sobre todo, que aprendizaje nos trae aquello que nos está pasando.

 

– “Como a veces nos dormimos en la vida y la muerte nos despierta”

La muerte de algo o alguien, no tiene por qué ser literal, muchas veces, para sentir su “pérdida”.

Una persona me dijo una vez: “No necesito perder lo que tengo para valorarlo  y saber cuánto me importa”.

Supongo que no siempre se tiene esa capacidad y a veces necesitamos conectarnos con el sentimiento de “pérdida” para aprender ciertas cosas.

Cuando escuché hablar a Pau sobre “lo no hecho”, los arrepentimientos, etc., entré en contacto con una emoción maravillosa. La gratitud. Creo que es el antídoto contra eso que yo llamo “el nunca nada es suficiente y cuando lo pierdo, me entero”.

A veces la muerte, la pérdida, nos trae sabidurías perennes, lecciones que se aprenden al final de un proceso, al final de una relación, al final del dolor de la pérdida.

Hay una parte inevitable. Hay otra de la que podemos responsabilizarnos en vida y es la de AGRADECER, la de dar las gracias por lo vivido, lo aprendido, lo sentido y lo compartido.

 

– Aquí y ahora. ¿Quién dijo muerte?

Aquí y ahora. No hay nada más. No hay otro tiempo posible.

Es el lugar y el tiempo donde no existe la muerte.

A veces vivimos en el pasado, otras en el futuro, y eso es una fantasía, no es real.

¡Cómo desperdiciamos el ahora!

¿Qué sientes ahora? ¿Qué necesitas ahora? ¿Qué puedes hacer ahora?

Pau, en sus últimos momentos, decía que disfrutaba de cada segundo porque no pensaba en nada más que en el presente. Disfrutaba viendo los animales bajar de la montaña, disfrutaba de una conversación, de un olor…

¿Cómo puedes ser más consciente y disfrutar del momento presente?

 

– Mi despedida final

No es muy habitual, al menos en mi mundo, permitimos pensar y mucho menos compartir con nadie nuestro “ideal de muerte”.  A veces porque nos da “susto” hablar, otras porque nadie quiere escuchar.

Con “ideal” me refiero a la forma en la que nos gustaría despedirnos y que nos despidieran de este mundo. Algo así como pensar en nuestras “últimas voluntades”.

Recuerdo que he intentado tener varias veces esta conversación con personas queridas para mí, pero no ha habido manera.

Recuerdo que un ejercicio que hice en una de mis formaciones sobre duelo tenía que ver con esto mismo. Con pensar en el lugar, en el momento, en la canción, en la ropa, en la dinámica con la que quisiera decir “adiós”.

Una pregunta que se me quedó grabada en el alma y que me ayudó mucho en aquel momento fue: “¿Qué epitafio elegirías para dedicarte?”.

A veces, cuando nos planteamos estas cosas, pasan cosas bonitas y potentes.

Como por ejemplo, que miramos la vida con y desde la vida.

 

Gracias Pau, por las canciones, por los momentos que me has regalado, por las reflexiones, por la vida.

 

Siempre.

Sara Pérez.

Herramientas de “cine” para acompañar y acompañarnos

Normalmente utilizamos la palabra “acompañar” para hablar de lo que hacemos entre personas. Sin embargo, a lo largo de la historia, otras realidades han sido elementos que nos han acompañado como objetos especiales: lugares simbólicos donde nos sentimos seguros, el arte en todas sus dimensiones, la música e incluso el cine.

Para nosotras el cine es una forma más a través de la cual podemos normalizar nuestros sentimientos, vernos reflejadas en el otro, servirnos de sus imágenes, formas y sonidos para emocionarnos y también para aprender. A continuación, os ofrecemos algunos de nuestros títulos preferidos sobre el duelo y la muerte que os recomendamos para ver solos o acompañados de quien más os apetezca. Vamos a intentar no haceros ningún spoiler.

 

1. Coco (2017). Apta para todos los públicos.

Nuestro primer título es muy especial. Coco es un niño con una gran pasión por la música que vive en una familia que la odia. Él no entiende nada, pero su curiosidad e inocencia le llevan a conocer la Tierra de los Muertos. Una película preciosa que puede ayudarnos a conversar sobre la muerte como parte de la vida a cualquier edad. Coco nos regala grandes frases durante la película como “solo se muere cuando se olvida y yo nunca te olvidaré”. ¡Tenéis que verla!

2. Los descendientes (2011). No recomendada para menores de 7 años.

Esta película trata el duelo a nivel familiar, qué supone un duelo en nuestras vidas. Los descendientes nos invita a reflexionar sobre el final de la vida, sobre las últimas conversaciones, o no, con las personas que queremos, sobre qué pasa cuando la situación se complica aún más y nuestra relación con el ser querido no pasa por su mejor momento… ¿Qué hacemos con la culpa?, ¿cómo sujetarla? Una muestra muy real y dolorosa de cómo el final de vida a veces también coincide con el momento de la reconciliación y el perdón.

3. Belleza oculta (2016). No recomendada para menores de 12 años.

Will Smith es un exitoso ejecutivo de publicidad de Nueva York. Su situación cambia drásticamente cuando la muerte le golpea y comienza un duro proceso de duelo. Su gente más cercana intenta animarle, le sienten bloqueado y crean una forma muy original para ayudarle a afrontar su sufrimiento.

Aunque  tiene aspectos un tanto fantásticos, también nos recuerda que “el duelo es único” y que “cada uno lo llevamos a nuestra manera”, “que el tiempo solo no cura” y “que la muerte y la vida forman parte de las misma realidad”. Una película muy recomendada para comentar con nuestros adolescentes.

4. Un monstruo viene a verme (2016).  No recomendada para menores de 12 años.

Conor O´Malley es un chico que a sus 13 años ha tenido que asumir muchas responsabilidades. Tras la separación de sus padres y la grave enfermedad que padece su madre, se ha visto obligado a tomar las riendas de su hogar.

Conor ha creado un mundo de fantasía que le permite escapar de su rutina y superar sus miedos. Unos minutos después de la medianoche, este niño despierta y se encuentra con un monstruo. Pero no se trata de la aterradora criatura que él esperaba, este monstruo es muy diferente, y quiere lo más peligroso de todo: la verdad. ¿Cómo creéis que ayuda la verdad en los procesos de duelo?, ¿es peligroso o simplemente nos asusta?

 

Esperamos que os emocionéis y disfrutéis tanto como nosotras. ¿Nos dejáis vuestras opiniones sobre las mismas? ¿Os han gustado? ¿Os habéis sentido identificadas o identificados? ¿Qué  reflexiones os han supuesto?

Carta a mi yo suicida

Hoy, 10 de septiembre, día mundial de Prevención del Suicidio, hemos querido colaborar con una campaña de sensibilización social lanzada desde «Suicidio, hablar es vital». La propuesta era escribir una carta a nosotros mismos si tuviésemos pensamientos suicidas. Sara Pérez, psicóloga de la asociación, ha escrito una y nos la comparte a todas nosotras.

Hablar, sana. Normalizar, sana. Integrar, sana.

GRACIAS «Suicidio, hablar es vital» por tan bella y necesaria iniciativa. Juntas, juntos, podemos.

 

CARTA A MI YO SUICIDA

“Sé que odias la condescendencia, las frases huecas y los ‘tirones emocionales’ que más que acompañar, arrastran a una a un lugar donde no puede o no quiere estar.

Tranquila, no voy a tratar de rescatarte.

Tienes todo el derecho a estar donde estás y a sentirte como lo estás haciendo en este momento. No me malinterpretes, no es un permiso, es un reconocimiento.

Ya que me das licencia para estar a tu lado, me voy a tumbar junto a ti y a tratar de recordarte algunas cosas que hemos vivido juntas y que quizás ahora, desde la ‘Isla gris’ en la que estás, hayas olvidado. ¿Te parece?

‘Isla gris’. ¿Cuándo le pusimos ese nombre? Creo que fue en uno de nuestros grandes bajones hará dos años. Creo que no pudimos ponerle un nombre mejor, pues define fielmente ese puto lugar.

Sé que ahora estás ahí.

Una isla rodeada de agua azul oscuro, de esa que desvela los kilómetros y kilómetros de profundidad de sus aguas y te lanza a la cara la amenaza y el peligro constante de no atravesarlas.

Una isla que bajo sus aguas esconde los bichos más monstruosos que nadie pueda imaginar.

Una isla en la que en el fondo de sus aguas, se ocultan y refugian las verdades más dolorosas e innombrables del alma.

Una isla que perdura a lo largo de los años, pero que siempre amenaza con hundirse.

Una isla de cielo gris, donde llueve los 365 días del año y las 24 horas del día.

Una isla donde la temperatura nunca varía, 26 grados bajo cero.

Una isla que se traga el tiempo o simplemente lo hace desaparecer.

Una isla repleta de laberintos.

Una isla de granos de culpa, miedo, ira, soledad, abandonos, apatía que pesan kilos y kilos.

Una isla que te hace creer que ya lo has vivido y sentido todo. Y ya no te queda nada.

Una isla en la que estás viva muriéndote a poquitos.

Una isla en la que el amor es guerra.

Una isla deshabitada, donde solo vivimos nosotras y nuestra herida.

Isla amnesia.

La conozco tan bien como tú, Sara.

La diferencia entre tú y yo, en estos momentos, es que yo he encontrado el camino de vuelta a casa y tú lo has olvidado. Con estas palabras, quisiera hacerte recordar:

¿Recuerdas cuando creías que tu hermana te había ‘robado’ la camiseta azul de rayas y finalmente la encontraste en una montaña de ropa sucia de nuestro armario?

¿Y qué me dices de tus ‘superchanclas’ que has creído perder cientos y cientos de veces, y que siempre encuentras? Siempre has dicho que son como tú, ‘que una perdida nunca se pierde’.

¿Recuerdas cuando creías fielmente que habías suspendido aquel examen de la asignatura Conducta y Lenguaje?

¿Recuerdas cuando creías fielmente que nunca te sacarías el carnet de coche?

¿Recuerdas cuando creías fielmente que tenías todos esos trastornos mentales y al final te diste cuenta que estabas en el ‘drama’ generado por el estrés, y así como si nada desaparecieron todos los síntomas? Como nos reímos…

¿Recuerdas cuando creías fielmente que no eras merecedora de amor?

¿Recuerdas cuando creías fielmente que jamás llegarías a conocer la verdadera amistad?

Sé que te vas a reír con algunos de estos ejemplos, pero todos ellos me sirven para decirte que de igual manera sé que ahora estás en la ‘creencia fiel e incuestionable’ de que la vida es el problema, de que eres ‘incorregible’, de que eres la culpable del dolor ajeno y de que nada tiene sentido, que la vida está hueca, es insípida, y que va a ser así por los siglos de los siglos.

No voy a discutírtelo. Estás en la isla y entiendo que lo sientas así. Pero no, es una interpretación que tu cabeza y tu corazón están haciendo desde la herida. ‘Si tienes las gafas de mierda, verás una vida de mierda’, siempre lo has dicho.

Solo quiero que recuerdes que llevas saliendo de esa isla desde que naciste.

Y que al salir de ella, te he visto sonreír y decir que todo lo que ves, tocas, piensas y sientes en esa ‘Isla gris’ parece tan real que te lo llegas a creer, pero que cuando sales de ella (con mucho esfuerzo, amor propio y ayuda de los tuyos), te has dado cuenta de que la ‘VIDA MERECE SER VIVIDA’.

Palabras literales tuyas.

Así que tomate tu tiempo, yo te espero estudiando el nuevo camino de vuelta, que en esta isla ya sabes que los caminos de regreso siempre cambian.

¡Por cierto, acuérdate de cogerte las chanclas, sí, esas, ‘las imperdibles’, que les toca hacer unos cuantos kilómetros más!

¿Eso ha sido una sonrisa?

Ya estás Sara, ya estás a salvo”.

 

Gracias a mis Hermanas y Amigas Bidane, Bea y Laura que reconocen haber estado en esta isla, y que han sido y serán siempre una brújula en el camino, y por supuesto, tierra firme.

Gracias a mi Familia. Chalecos salvavidas y luz de Vida.

Gracias Papá, por enseñarme a nadar.

Sara Pérez Pizarro
Agosto de 2020

Si pudiera… cambiar la realidad

En el acompañamiento que como profesionales realizamos a las personas día a día en sus pérdidas y en su dolor, a veces nos encontramos con algunas personas que tienen la capacidad de expresar sus emociones y su sentir no solo a nivel verbal, sino que utilizan otros lenguajes más personales que les permiten crear “pequeñas obras” literarias u otras artes. Son su manera de lograr una expresión más íntima y personal de lo que sienten, de lo que les sucede por dentro ante la muerte, la enfermedad o la ausencia de personas significativas de sus vidas.

Crean pequeñas joyas, casi siempre cargadas de belleza que traspasan la practicidad cotidiana, y dejan atrás el vocabulario habitual para alcanzar una mayor conexión y una forma única de expresión y comprensión de su dolido mundo emocional. Sin duda son de gran ayuda para sus autores, ya que les permiten bucear dentro de sí mismos en una búsqueda profunda de emociones y sentimientos que siempre están cargados de un contenido importante que merece ser atendido y escuchado.

A menudo encontramos expresiones sentidas, íntimas y muy personales que reflejan con fuerza el momento en el que se encuentran sus procesos de duelo, y que sin duda son fuente de conocimiento de cómo es su duelo.

Hoy queremos compartir con vosotras y vosotros una poesía que ha escrito una persona que está viviendo el duelo por pérdida de su pareja en Goizargi. La escritura es para él una herramienta de expresión, vincula las palabras, las ordena hasta dar con una forma única de decirnos cómo está, qué siente, que desearía. Contiene su realidad, su dolor, sus anhelos… Nos dice tantas cosas…

En su dolor y su generosidad, permite que podamos acercarnos a su vida regalándonos este poema que él ha tejido con sus lágrimas y que sin duda vais a saber leer, sentir y comprender en un plano único, personal y cercano, ya que el dolor tiene la virtud de acercarnos y unirnos.

 

Si pudiera… cambiar la realidad

Si pudiera
hacer un nido con mis manos
donde pueda habitar una paloma,

Si pudiera
con un beso hacer sanar la herida
de un triste corazón abandonado,

Si yo pudiera
lograr que las estrellas devolvieran
su luz al firmamento,

Si pudiera
hacer con la mañana una sonrisa
que cubriera de escarcha el horizonte,

Si pudiera
acariciar a un niño sin herirlo,
contar cuentos de miedos a la luna,
perderme entre la niebla y ser de musgo,
hundirme en las entrañas de la tierra
y allí poder echar raíces como un árbol,

Si pudiera
hacer que este dolor se desvanezca
y esconder en la luz el universo,

Si pudiera
hablar con Dios solo un momento
y Él me respondiera, entonces,
le diría…

(J. L. A.)

 

No queremos estropear con alguna reflexión torpe este poema, solo esperamos que podáis disfrutar la belleza, la sensibilidad, el amor y el afecto con el que ha sido creado y saber y sentir que es “fruto” del dolor de la pérdida.

Los sueños, fuente de información valiosísima acerca de lo que nos sucede y de nuestro momento personal

Los sueños son una fuente de información valiosísima acerca de lo que nos sucede y de nuestro momento personal, de lo que vivimos, sentimos, de lo que hacemos y de lo que reprimimos… En definitiva, nos muestran aspectos de nosotros mismos y nuestro mundo emocional que nos pueden ayudar a explorar, descubrir, reparar, integrar y elaborar muchas emociones, dolores, heridas, cicatrices y “cosicas de vida”. ¡Y que poco se habla de esto!

Para nosotras, los sueños son muy útiles. Son como brújulas que nos van guiando y dando información acerca de la persona, del momento del proceso en el que se encuentra, de sus necesidades y deseos.

Los sueños nos dan la capacidad de elaborar y redefinir lo que nos pasa. Son una oportunidad para sanarnos si aprendemos a utilizarlos, claro.

Hace tiempo, M (doliente), con raíz y corazón mexicano, nos dijo que los “muertos regresan a nosotros a través de los sueños” y que para ella era una oportunidad de reparar su duelo.

Cuando su hijo murió, pudimos trabajar su rabia a través de los sueños y fue un trabajo muy bonito y reparador.

¡Os podríamos contar muchas historias!

Hay sueños tan reales… Hay sueños que nos persiguen y se repiten durante años, incluso durante toda la vida. Hay sueños que nos alegran el día, hay sueños reconciliadores, hay sueños que nos ayudan… Tantos…

Nos gustaría saber si vosotras y vosotros habéis tenido sueños con personas que han muerto, que ya no están, y si os animáis a compartirlos con nosotras, también podéis compartir dudas o reflexiones acerca de este tema.

¡Nos leemos!

Seguir viviendo

Dicen, cuentan…
que existe una nueva vida.
Que después de esto incluso existe ilusión.
Y hasta cuentan que tras un duelo,
una aprende, crece, renace…
bla, bla, bla.

Yo dudo que esto sea así. Es verdad que no dudo todo el tiempo, porque a veces me invade la esperanza. Pero igual que viene se va, y vuelvo a no creer, a no confiar… Se me olvida que soy capaz, creo que no salgo de esta, me olvido de que otras veces también estuve mal y pude recuperarme. Y además, ¡qué más da que en esos momentos me recuperara! Esta vez es más fuerte, esta vez es peor, es horroroso, es la mayor putada de la vida. Todo se ha roto, nada será igual, muero de dolor… incluso anhelo desaparecer. No voy a quitarme la vida, tranquilos, pero no me importaría morir.

Y dicen que cuando todo esto pasa, ves luz, disfrutas…
y que existe esa opción, la de ilusionarte.
Pero dudo, no puedo verlo… no hay vida ni luz
y me parece imposible que algún día vaya a haberla.
Aunque quiero creerlo, no puedo sentirlo.

Me descubro riéndome, ¡Uy! ¿Y esto? Pero si tú has muerto. ¿Cómo puedo hacerlo? Creo que no debería. O sí, ¿por qué no? Al fin y al cabo yo estoy viva.

Es verdad que poco a poco, me cuesta saber cómo, las cosas han cambiado. Dejo de dudar tanto y experimento la vida. Es raro. Nada es como antes, todo es diferente y te echo de menos. Y me duele que no estés. Pero, de repente, parece que “Sigo Viviendo”:

Voy con pies de plomo, porque sé que vendrá un nuevo PATAPUM donde todo se desmorona. Me da miedo caer, pero ha de ser así, y, efectivamente, el bajonazo también llega… ¡y es horrible! ¡Joder! ¿Por qué no estás?

Dicen que después de la tormenta llega la calma, y así es. Puedo recomponerme y vaya que si lo hago. Me cuesta menos que antes y además me siento capaz de seguir adelante. Lo estoy haciendo bien, me siento valiente y tengo ganas. Por mí… y también por ti.

Quiero acercarme cada vez más a esa opción de VIVIR sin tener que sobrevivir.

Voy haciendo esbozos de una nueva vida, bocetos que, ¿para qué negarlo?, son un desastre, una y otra vez. Bocetos del revés, cosas sin sentido y, sobre todo, sin color. Me desespero…

Hasta que algo coge forma. Poco a poco, muy poco a poco… con detalles, aparecen destellos de luz. Muy dentro de mí empiezo a entender eso que cuentan, que yo ya tenía más que olvidado, de que la ilusión existe después de esto. Y aunque la siento fugaz, parece que está.

Y parece que en mí también está el color, igual que los grises, y que todo va formando uno, que todo puede formar parte de un mismo lienzo. Al fin y al cabo todo soy yo y parte de mi historia.

Desde ahí veo que he enterrado el hacha de guerra, que respiro, y hasta puedo sonreírme tranquila. Te sigo echando de menos, sin ansiar desaparecer, desde la nostalgia, esa triste y dulce, que te trae aquí conmigo y trae contigo cada uno de esos momentos que vivimos… TE QUIERO.