¡SERENA Y FELIZ ENTRADA A 2020!

Llegado este día, nos resulta inevitable no hacer un balance de año y un inventario de aprendizajes y desaprendizajes.

Cerramos el año con casi 200 acogidas. 200 personas que se han acercado a las puertas de Goizargi buscando un refugio donde poder reconstruirse, dolerse y sanarse.

No tenemos palabras para describir todo lo que significa este hecho para nosotras.

Solo podemos daros las GRACIAS y mandaros abrazos rellenos de kilos y kilos de cariño por la confianza depositada en nosotras cada día, desde el principio hasta el final de cada proceso que hemos podido acompañar.

Gracias por elegirnos como acompañantes. Es una responsabilidad y un honor para nosotras y por ello seguiremos trabajando como hasta ahora.

Gracias por hacernos cómplices de un fenómeno sin igual que es la cicatrización de la herida en el alma. “Dolor. Duele. Duelo. Sanar. Volar”.

Gracias a todas las personas que confiáis, apoyáis y nos seguís cada día.

Despedimos el 2019 con los ojos llenitos de agua de orgullo, con un suspiro profundo, con una sonrisa de satisfacción, con recuerdos, con la mano en el corazón, con vuestro recuerdo, con mil deseos, con fuerza, con la mirada levantada hacía el 2020. Juntas. Juntos.

Estuvimos, estamos y estaremos.

Gracias 2019.

Hola 2020…

¡SERENA Y FELIZ ENTRADA A 2020!

Equipo de Goizargi.

¿Cómo podemos vivir y acompañar la Navidad cuando estamos atravesando un proceso de duelo?

Vivir la muerte de un ser querido es todo un desafío, saber «bien» acompañarlo también. Más aún en estas fechas tan señaladas.

Os dejamos 8 propuestas para vivir y acompañar el duelo en Navidad de una manera más sana.

 

1. Revisa como quieres vivir las Navidades.

A veces no es fácil saber qué es lo que necesitamos o queremos, y menos cuando estamos viviendo un proceso de duelo en el que muchas veces tenemos que lidiar con nuestro ruido interno debido a la intensidad y fuerza de un millón de emociones diferentes.

Te invitamos a que puedas plantearte las siguientes preguntas: ¿Qué necesitas? ¿Qué quieres? ¿Qué te apetece hacer (o no hacer)?

Cuando estamos “sobreviviendo” a nuestro dolor interno es posible que no encontremos la fuerza para hacer este tipo de ejercicios. Es normal.

Sin embargo, si dedicas un tiempo a observarte y preguntarte esto, te va a permitir planificar y estructurar con tiempo las cosas que necesites y desplegar aquello que necesites para conseguirlo.

Forma parte del aprender a “mirarte” y autorregularte. Recursos importantes para ir recuperando el control, la seguridad y el equilibrio de tu vida.

Si necesitas ayuda para ello, pídela a personas referentes para ti.

Cuando nos encontramos perdidos en una montaña, tener una brújula nos puede salvar la vida y el momento.

 

2. La montaña rusa emocional es normal.

Cuando vivimos la muerte de un ser querido parece como si nos subiésemos a la montaña rusa más grande del mundo. ¿Sabíais que cada persona tiene su propia montaña rusa emocional?

Es una atracción con subidas y bajadas muy peliagudas que hace que el dolor, los nervios, la angustia, la tristeza, el miedo, las emociones contradictorias o ambivalentes se disparen e intensifiquen hasta sentirlas totalmente descontroladas.

A veces, es cuestión de minutos, otras de días, otras de meses.

Lo cierto es que no es nada agradable y nada fácil vivir ahí subida.

Nos parece importante que tengas en cuenta que esto es NORMAL y NATURAL en los procesos de duelo.

Te proponemos que te visualices en esta montaña rusa cuando sientas que vas a llegar o estás en un pico de dolor y que trates de recordarte que es parte del proceso, algo natural y normal, que todo pasa y esto también lo hará.

 

3. El dolor emocional no mata.

Hay momentos en los que tenemos la sensación de que la ausencia y el dolor emocional nos van a ahogar, a desgarrar o que nos va a hacer retroceder en nuestro proceso de duelo.

Es un momento muy duro y angustiante que forma parte de esa montaña rusa emocional.

Te invitamos a que recuerdes QUE EL DOLOR NO MATA, aunque a veces tengamos la sensación contraria.

QUE EL DOLOR DUELE. Esto a veces es difícil de entender, por lo que os invitamos a pararos aquí y tratar de imaginar que la muerte de un ser querido es una herida muy profunda en el alma que puede asemejarse a una rotura de un hueso o varios a la vez. Si la herida física duele, la emocional también. Y necesita curas y reposo para poder curar.  Visto así, podemos naturalizar y dar un lugar al dolor. Nadie nos lo va a quitar, pero cuando comprendemos las cosas podemos encontrar alivio y fuerza para atravesarlas.

 

4. Recuerda, “no tienes que nada”.

Recuerda que no tienes que celebrar nada que no sientas o quieras. El acto de celebrar no es una obligación, es un derecho.

No te exijas estar y hacer las cosas del mismo modo como en años anteriores.

Es importante que tengas en cuenta que cuando estamos en duelo, nos duele todo. Nos duele el corazón emocional, nos duelen los recuerdos y también nos duele el cuerpo físico, y es muy habitual no encontrarnos con fuerza ni motivación para hacer nada. Respeta tu ritmo. Pide ayuda. Delega.

A veces, dentro de las familias surgen dificultades pues cada persona necesita cosas diferentes y esto
genera desacuerdos.

Aquí es importante recordar, que “NO HAY DUELOS, HAY DOLIENTES”, que el proceso de duelo es un proceso PERSONAL e INTRANSFERIBLE, una experiencia EXCLUSIVA de cada persona y que, por lo tanto, es normal que necesitemos llevar ritmos diferentes.

A veces caemos en imponer y obligar a las demás personas a vivir o hacer las cosas como yo quiero/siento.  En este sentido, os recordamos que decir “No”, a veces es decirse “Sí” a una misma. Y esto significa atenderme y cuidarme. Y esto es sano.

Tenemos que dar espacio y lugar a cada miembro de la familia.

¡Tú, tu familia, tus amigos, sois un bastón de apoyo fundamental, utilizaros!

 

5. “La lástima, lastima, y la sobreprotección también”

Una de las cosas que nos suele dar mucho “susto” en estas fechas tan señaladas es dejar a una persona sola en casa.

Esto es normal, pues nos dejamos llevar por la pena, la preocupación y el miedo de que a esa persona que está viviendo el duelo le pueda ocurrir algo malo.

Recordar que las personas que vivimos un duelo a veces necesitamos estos ratos de soledad y de dolor para poder sentirnos mejor y “volver a la carga”.

La preocupación y el miedo se desvanecen cuando somos capaces de comprender la situación y la necesidad. Para ello, os proponemos que podáis abrir una vía de comunicación en vuestra familia y explicar las razones o los motivos por los que necesitas estar solo. Os proponemos salir del silencio y nombrar lo evidente, lo qué os pasa. Seguro que así pueden entenderte mejor y eso les tranquiliza. Además, podéis llegar a un acuerdo de “os haré saber si os necesito”.

 

6. ¿Está bien distraerse del dolor?

Partiendo de que no hay nada “bien o mal” sino “sano y no sano”, a veces todo aquello que permita “desembotar-nos” y salir de nuestro dolor es sano.

Como hemos dicho, hay momentos en los que una persona necesita “bucear hacía adentro” y conectar con su dolor para comprenderlo y poder empezar a asumirlo.

Esto es un mecanismo natural y sano.

La situación se vuelve complicada y es aquí cuando debemos preocuparnos, cuando por defecto tendemos a evitar todo lo que nos haga sentir y recordar; cuando no expresamos o hablamos del dolor, de lo que nos pasa y nos lo quedamos para nosotros mismos.

Esto puede dar lugar a un “enquiste emocional” haciendo que el duelo se cronifique en el tiempo.

Lo importante, y te proponemos que puedas hacerlo, es que busques maneras en las que te sientas cómodo para poder expresar, hablar, escribir, gritar, llorar y hasta reír tu dolor.

También te proponemos el que puedas hacer una “Lista S.O.S” con aquello que te ayuda y que no te ayuda. Puedes tenerla a mano en los momentos más difíciles para que te ayude a salir de ellos.

 

7. “(Des)Lealtades que duelen”

El sentimiento de deslealtad es un sentimiento que nos hace sentirnos sin derecho o permiso para experimentar ciertas vivencias asociadas al placer o al disfrute.

“No voy a poner el pino de navidad porque él no está”, “no voy a poner música porque me siento culpable si lo hago”, “si me disfrazo este año, siento que le falto al respeto”, “si no pienso en ella, siento que la abandono, la olvido y me alejo”.

Este sentimiento de “(des)lealtad” es natural y normal, pero también puede enquistarse y cronificarse en el tiempo, lo que hace que nuestro dolor se intensifique y que cada vez tengamos menos derecho de vivir tal y como queremos o necesitamos.

Las Navidades son unas fechas que revuelven este tipo de sentimientos. Os invitamos a reflexionar sobre el sentido de este sentimiento. EL DUELO NO IMPLICA OLVIDAR, AL REVÉS, IMPLICA APRENDER A RECORDAR A LA PERSONA QUE HA MUERTO a través de maneras que no nos quiten espacio ni vida; al revés, que nos sumen tranquilidad, alivio, “calor”.

Aislarte en tu dolor es imponerte sufrimiento. Aislarte en tu pena es limitarte tu alegría.

Una época que termina, otra que empieza. Un duelo no implica olvidar, implica comprender el fin de una forma de vivir con todo lo que ello supone.

“Quizás baste con darnos cuenta de lo que necesitamos para seguir viviendo” y desde ahí poder rediseñar y construir una nueva manera de vivir la vida, los aniversarios, las Navidades, las fechas señaladas, los lugares, los encuentros, los olores… Todo.

 

¡Un abrazo muy fuerte a todas las personas que están viviendo y acompañando la muerte de un ser querido!