Carta a mi yo suicida

Hoy, 10 de septiembre, día mundial de Prevención del Suicidio, hemos querido colaborar con una campaña de sensibilización social lanzada desde «Suicidio, hablar es vital». La propuesta era escribir una carta a nosotros mismos si tuviésemos pensamientos suicidas. Sara Pérez, psicóloga de la asociación, ha escrito una y nos la comparte a todas nosotras.

Hablar, sana. Normalizar, sana. Integrar, sana.

GRACIAS «Suicidio, hablar es vital» por tan bella y necesaria iniciativa. Juntas, juntos, podemos.

 

CARTA A MI YO SUICIDA

“Sé que odias la condescendencia, las frases huecas y los ‘tirones emocionales’ que más que acompañar, arrastran a una a un lugar donde no puede o no quiere estar.

Tranquila, no voy a tratar de rescatarte.

Tienes todo el derecho a estar donde estás y a sentirte como lo estás haciendo en este momento. No me malinterpretes, no es un permiso, es un reconocimiento.

Ya que me das licencia para estar a tu lado, me voy a tumbar junto a ti y a tratar de recordarte algunas cosas que hemos vivido juntas y que quizás ahora, desde la ‘Isla gris’ en la que estás, hayas olvidado. ¿Te parece?

‘Isla gris’. ¿Cuándo le pusimos ese nombre? Creo que fue en uno de nuestros grandes bajones hará dos años. Creo que no pudimos ponerle un nombre mejor, pues define fielmente ese puto lugar.

Sé que ahora estás ahí.

Una isla rodeada de agua azul oscuro, de esa que desvela los kilómetros y kilómetros de profundidad de sus aguas y te lanza a la cara la amenaza y el peligro constante de no atravesarlas.

Una isla que bajo sus aguas esconde los bichos más monstruosos que nadie pueda imaginar.

Una isla en la que en el fondo de sus aguas, se ocultan y refugian las verdades más dolorosas e innombrables del alma.

Una isla que perdura a lo largo de los años, pero que siempre amenaza con hundirse.

Una isla de cielo gris, donde llueve los 365 días del año y las 24 horas del día.

Una isla donde la temperatura nunca varía, 26 grados bajo cero.

Una isla que se traga el tiempo o simplemente lo hace desaparecer.

Una isla repleta de laberintos.

Una isla de granos de culpa, miedo, ira, soledad, abandonos, apatía que pesan kilos y kilos.

Una isla que te hace creer que ya lo has vivido y sentido todo. Y ya no te queda nada.

Una isla en la que estás viva muriéndote a poquitos.

Una isla en la que el amor es guerra.

Una isla deshabitada, donde solo vivimos nosotras y nuestra herida.

Isla amnesia.

La conozco tan bien como tú, Sara.

La diferencia entre tú y yo, en estos momentos, es que yo he encontrado el camino de vuelta a casa y tú lo has olvidado. Con estas palabras, quisiera hacerte recordar:

¿Recuerdas cuando creías que tu hermana te había ‘robado’ la camiseta azul de rayas y finalmente la encontraste en una montaña de ropa sucia de nuestro armario?

¿Y qué me dices de tus ‘superchanclas’ que has creído perder cientos y cientos de veces, y que siempre encuentras? Siempre has dicho que son como tú, ‘que una perdida nunca se pierde’.

¿Recuerdas cuando creías fielmente que habías suspendido aquel examen de la asignatura Conducta y Lenguaje?

¿Recuerdas cuando creías fielmente que nunca te sacarías el carnet de coche?

¿Recuerdas cuando creías fielmente que tenías todos esos trastornos mentales y al final te diste cuenta que estabas en el ‘drama’ generado por el estrés, y así como si nada desaparecieron todos los síntomas? Como nos reímos…

¿Recuerdas cuando creías fielmente que no eras merecedora de amor?

¿Recuerdas cuando creías fielmente que jamás llegarías a conocer la verdadera amistad?

Sé que te vas a reír con algunos de estos ejemplos, pero todos ellos me sirven para decirte que de igual manera sé que ahora estás en la ‘creencia fiel e incuestionable’ de que la vida es el problema, de que eres ‘incorregible’, de que eres la culpable del dolor ajeno y de que nada tiene sentido, que la vida está hueca, es insípida, y que va a ser así por los siglos de los siglos.

No voy a discutírtelo. Estás en la isla y entiendo que lo sientas así. Pero no, es una interpretación que tu cabeza y tu corazón están haciendo desde la herida. ‘Si tienes las gafas de mierda, verás una vida de mierda’, siempre lo has dicho.

Solo quiero que recuerdes que llevas saliendo de esa isla desde que naciste.

Y que al salir de ella, te he visto sonreír y decir que todo lo que ves, tocas, piensas y sientes en esa ‘Isla gris’ parece tan real que te lo llegas a creer, pero que cuando sales de ella (con mucho esfuerzo, amor propio y ayuda de los tuyos), te has dado cuenta de que la ‘VIDA MERECE SER VIVIDA’.

Palabras literales tuyas.

Así que tomate tu tiempo, yo te espero estudiando el nuevo camino de vuelta, que en esta isla ya sabes que los caminos de regreso siempre cambian.

¡Por cierto, acuérdate de cogerte las chanclas, sí, esas, ‘las imperdibles’, que les toca hacer unos cuantos kilómetros más!

¿Eso ha sido una sonrisa?

Ya estás Sara, ya estás a salvo”.

 

Gracias a mis Hermanas y Amigas Bidane, Bea y Laura que reconocen haber estado en esta isla, y que han sido y serán siempre una brújula en el camino, y por supuesto, tierra firme.

Gracias a mi Familia. Chalecos salvavidas y luz de Vida.

Gracias Papá, por enseñarme a nadar.

Sara Pérez Pizarro
Agosto de 2020

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