«El árbol de los recuerdos», cuento para acompañar a los peques en el proceso de entender la muerte

En esta ocasión queremos compartiros uno de nuestros cuentos preferidos, “El Árbol de los recuerdos”, de Britta Teckentrup, como recurso para acompañar a los más pequeños de la casa en el proceso de entender la muerte y también de vivir la pérdida de un ser querido.

Es un cuento recomendado para niños y niñas a partir de tres años y podéis encontrarlo fácilmente en cualquier librería de vuestra zona.

El “Árbol de los recuerdos” cuenta la historia de Zorro, el “prota” de este cuento:

“Zorro había tenido una vida larga y feliz, pero ahora estaba cansado. Observó su querido bosque una última vez y se quedó dormido para siempre”.

También cuenta la historia de cómo los amigos de Zorro viven la muerte de su amigo y como al recordar diferentes momentos, su corazón se va sanando.

Este libro tiene unas ilustraciones muy bonitas y cargadas de emoción, invitan a quien lo lee a adentrarse en el bosque y olerlo, a sentir la nieve, a observar el lindo paisaje, a caminar despacito por esta historia y por aquello que nos va sucediendo mientras la vamos leyendo.

Nos encanta este cuento porque nombra la muerte y nos permite reflexionar sobre ella y las emociones asociadas al duelo como la tristeza, la nostalgia y la alegría. También nombra realidades que no son fáciles de tratar y menos en un cuento como es la despedida.

En la historia, los amigos de Zorro uno a uno se van reuniendo para recordar la vida junto a él. En un momento dado, se dan cuenta que donde ha muerto Zorro está empezando a crecer una plantita, y que cuantos más recuerdos cuentan y cuanto más sienten, más crece. Acaba siendo el árbol más grande del bosque.

El amor no se acaba con la muerte”. Este es el mensaje final del libro. ¡Y cuánto nos cura saberlo y sentirlo! porque a veces el dolor nos hace olvidarlo.

Os animamos a que podáis leerlo primero los adultos y después hacerlo con los txikis. Además, os proponemos una actividad o “receta para el corazón”, que decimos en Goizargi, para que podáis hacer con ellos y ellas tras la lectura del cuento. Ahí va:


  1. Escoged un lugar cómodo, seguro y que sepáis que no vais a ser interrumpidos o molestados por nadie para poder leer el cuento tranquilamente.
  2. Leed el cuento despacio, deteniéndoos en observar las ilustraciones, fijándoos en diferentes detalles, dando lugar a posibles preguntas o reflexiones del momento.
  3. Al finalizar el libro podéis compartir las siguientes reflexiones para trabajar la comprensión, empatía, etc.:
    Preguntas referidas a la historia: ¿Qué crees que le ha pasado a Zorro? ¿Cómo crees que se sentía? ¿Y sus amigos? ¿Cómo crees que se sentían?
    ¿Cómo os habéis sentido?
    ¿Qué es lo que más os ha gustado y lo que menos?
  4. Plantar una semilla/planta/árbol en una maceta. Explicad que será nuestra “Planta de los Recuerdos” y que nos ayudará por un tiempo a recordar e inmortalizar a nuestro ser querido. Podéis compartir recuerdos o emociones mientras lleváis a cabo el proceso de plantación. Podéis colocarla en un lugar común para todos.
  5. Importante que entre todos cuidéis la planta, busquéis momentos para recordar, hablar y sentir.

Como veis, es un ejercicio muy sencillo, pero que está cargado de simbolismo y amor.

Nuestra experiencia nos dice que ayuda, que da lugar a la comunicación y a la reflexión, al amor, y que eso siempre sana y siempre suma.

¡Si lo hacéis, contadnos que tal os ha ido!

¡Gracias!

El camino de los recuerdos

“Cuando la pena cae sobre mí,
El mundo deja ya de existir.
Miro hacia atrás y busco entre mis recuerdos…”

(Entre mis recuerdos, Luz Casal)

 

El duelo es un camino, es un proceso de dolor que se inicia tras la pérdida de una persona con la que tenemos un vínculo afectivo significativo; y este camino que comenzamos a recorrer está lleno de emociones, imágenes, pensamientos, conductas, sensaciones y recuerdos.

Nuestros recuerdos son parte de lo que somos. Nuestros recuerdos son importantes y en el proceso de duelo también nos van a acompañar. Por ello, nos puede ayudar comprender su modo de actuar, ya que de ellos depende en gran medida el nuevo vínculo que vamos a establecer con la persona que hemos perdido.

Al inicio del duelo, en algunas ocasiones, no en todas, los recuerdos y las imágenes que más nos llegan pueden tener un contenido molesto e incluso perturbador. Muchas personas solo recuerdan los momentos más dolorosos vividos de enfermedad y de muerte. Estos recuerdos se fijan en la mente de manera persistente, y solo se recuerda el final de la vida de la persona querida. Son recuerdos que aparecen de modo recurrente una y otra vez, que nos embargan de dolor y malestar, y que deseamos parar o evitar porque nos hacen revivir de nuevo la experiencia de dolor pasada y nos sumen en emociones que no nos gusta sentir. En este momento el recuerdo de la persona fallecida ocupa mucho espacio en nuestro mundo interior y en nuestro pensamiento, necesitamos sentirla cerca, sentir que podemos casi tocarla. Todo nuestro anhelo es” volver” a tenerla con nosotros y, por tanto, todos nuestros recuerdos, todo el tiempo, tienen que ver con él o ella, aunque nos duelan.

Conforme avanzamos en el camino del duelo, en un duelo sano los recuerdos van siendo menos intensos, vamos aceptando la nueva realidad, y nos podemos sorprender cuando vemos que no hemos recordado a nuestro ser querido fallecido en un rato, en una mañana, o en un día… Muchas personas sienten este momento como un signo de avance y de normalidad; y otras sienten que se están olvidando y dejando atrás a su ser querido, ya que sus recuerdos no son tan nítidos, ya no pueden recordar su voz o su olor… y aparece el miedo al olvido. Pueden aparecen emociones de culpa y de deslealtad por sentir que podemos comenzar a respirar sin él o ella.

Y finalmente van apareciendo en nuestro recuerdo momentos felices, experiencias que deseamos guardar en nuestra memoria, que ya no duelen tanto y que son sentidos con agradecimiento a lo que pudimos vivir y compartir en el pasado con nuestro ser querido. Por ello, es importante saber que los recuerdos al igual que las emociones van cambiando en su forma e intensidad, y que el proceso de duelo no es para olvidar al ser querido, sino para darle espacio en nuestro corazón en forma de recuerdos.

Los recuerdos nos permiten asegurar e integrar la experiencia vivida dentro de nosotros, y van a alimentarnos en la nueva realidad y en la nueva vida que surge tras la ausencia. Son nuestra memoria y la memoria del ser que hemos perdido.

La relación no termina con la muerte, y el nuevo vínculo sigue siendo una fuente de energía, de guía y de protección.

Demos luz a nuestros recuerdos y con ellos a los seres queridos que ya no están con nosotros. Solo así permanecerán con nosotros para siempre.