Aquí y ahora: reflexiones sobre «Eso que tú me das»

Hace unos días, fui al cine y vi el documental de Pau Donés (1966-2020), cantante, compositor y guitarrista del conocido grupo “Jarabe de Palo”, y me llené de cosas sobre las que escribir.

El documental “Eso que tú me das” recoge la última entrevista de Pau, enfermo terminal de cáncer, tres semanas antes de su muerte. Pau nos regala una bella despedida y una gran colección de aprendizajes vitales al final de su camino.

Para mí, fueron 60 minutos de “alarma”, de “despertador”, de “eurekas vitales”, y me gustaría compartir con vosotras y vosotros, en formato “muy de casa”, algunas de las frases y reflexiones con las que me quedo.

Ahí van:

 

– “Los Despistadores. Ladrones de Vida”

Parece el título de una película, pero no.

La palabra “despistadores” es una palabra que he decidido utilizar para nombrar a todas aquellas cosas que me distraen de lo verdaderamente importante en la vida, y lo cierto es que desde que lo hago puedo estar más atenta y perderme menos en aquello que me roba energía, salud, tiempo, sueño, tranquilidad, serenidad, alegría, amistad, amor…

A veces nos perdemos porque no sabemos que es lo importante. Que es lo urgente.

A veces nos olvidamos de lo que realmente necesitamos para vivir.

Cuando estamos despistados no agarramos el momento presente.

Vivir es estar con lo que hay.

Es sentir lo que estás sintiendo en el ahora, en el momento presente. Sentir lo que estás haciendo, lo que está ocurriendo, lo que estás tocando, lo que estás escuchando, lo que estás oliendo, saboreando…

Si no estamos en nosotras mismas, en nuestro centro, en nuestro ahora, no podemos decidir ni hacer qué es lo que necesitamos ahora.

Quizás la tarea esté en construir un buen presente para no necesitar fugarnos y en preguntarnos:

¿Qué es lo verdaderamente importante para mí? ¿Qué necesito para vivir y sentirme viva o vivo? ¿Cuáles son mis despistadores?

 

– “A veces, el dolor es un pellizco de realidad”

Me refiero a ese dolor “fértil”, que enseña y nos ayuda e impulsa a transitar situaciones o procesos vitales difíciles.

Este título me conecta con que el dolor emocional tiene sus funciones, con como a veces nos limitamos el sentir o el experienciar emociones dolorosas y que al hacerlo, nos limitamos también la posibilidad de experimentar justo el otro extremo de la polaridad: la alegría, la serenidad, la calma…

Este tipo de dolor emocional nos conecta con la realidad. Nos conecta con nuestras necesidades y con nuestros límites. Y desde ahí nos invita a reaccionar, a reinventarnos, a hacer “inventario” de qué tenemos y de qué necesitamos desprendernos.

Si lo evitamos, la posibilidad de crecer y evolucionar en nuestra vida desaparece.

«… todo ser humano necesita gozar sus gozos y sufrir sus sufrimientos”. No recuerdo de quien es la cita, pero precisamente hablo de esto, de que hemos olvidado la segunda parte de la ecuación.

Quizás la tarea esté en normalizar el dolor, en darnos un tiempo de “dolernos”, y en preguntarnos a nosotros mismos como reaccionamos ante nuestro dolor, si lo escuchamos, si lo evitamos y, sobre todo, que aprendizaje nos trae aquello que nos está pasando.

 

– “Como a veces nos dormimos en la vida y la muerte nos despierta”

La muerte de algo o alguien, no tiene por qué ser literal, muchas veces, para sentir su “pérdida”.

Una persona me dijo una vez: “No necesito perder lo que tengo para valorarlo  y saber cuánto me importa”.

Supongo que no siempre se tiene esa capacidad y a veces necesitamos conectarnos con el sentimiento de “pérdida” para aprender ciertas cosas.

Cuando escuché hablar a Pau sobre “lo no hecho”, los arrepentimientos, etc., entré en contacto con una emoción maravillosa. La gratitud. Creo que es el antídoto contra eso que yo llamo “el nunca nada es suficiente y cuando lo pierdo, me entero”.

A veces la muerte, la pérdida, nos trae sabidurías perennes, lecciones que se aprenden al final de un proceso, al final de una relación, al final del dolor de la pérdida.

Hay una parte inevitable. Hay otra de la que podemos responsabilizarnos en vida y es la de AGRADECER, la de dar las gracias por lo vivido, lo aprendido, lo sentido y lo compartido.

 

– Aquí y ahora. ¿Quién dijo muerte?

Aquí y ahora. No hay nada más. No hay otro tiempo posible.

Es el lugar y el tiempo donde no existe la muerte.

A veces vivimos en el pasado, otras en el futuro, y eso es una fantasía, no es real.

¡Cómo desperdiciamos el ahora!

¿Qué sientes ahora? ¿Qué necesitas ahora? ¿Qué puedes hacer ahora?

Pau, en sus últimos momentos, decía que disfrutaba de cada segundo porque no pensaba en nada más que en el presente. Disfrutaba viendo los animales bajar de la montaña, disfrutaba de una conversación, de un olor…

¿Cómo puedes ser más consciente y disfrutar del momento presente?

 

– Mi despedida final

No es muy habitual, al menos en mi mundo, permitimos pensar y mucho menos compartir con nadie nuestro “ideal de muerte”.  A veces porque nos da “susto” hablar, otras porque nadie quiere escuchar.

Con “ideal” me refiero a la forma en la que nos gustaría despedirnos y que nos despidieran de este mundo. Algo así como pensar en nuestras “últimas voluntades”.

Recuerdo que he intentado tener varias veces esta conversación con personas queridas para mí, pero no ha habido manera.

Recuerdo que un ejercicio que hice en una de mis formaciones sobre duelo tenía que ver con esto mismo. Con pensar en el lugar, en el momento, en la canción, en la ropa, en la dinámica con la que quisiera decir “adiós”.

Una pregunta que se me quedó grabada en el alma y que me ayudó mucho en aquel momento fue: “¿Qué epitafio elegirías para dedicarte?”.

A veces, cuando nos planteamos estas cosas, pasan cosas bonitas y potentes.

Como por ejemplo, que miramos la vida con y desde la vida.

 

Gracias Pau, por las canciones, por los momentos que me has regalado, por las reflexiones, por la vida.

 

Siempre.

Sara Pérez.

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