El voluntariado es revolución

Voluntariado… para cuánto da este tema…

Hace un tiempo, leí un escrito que me marcó acerca del voluntariado.

Aquel escrito venía a decir que la magia no existe y que, por lo tanto, no podemos esperar «milagros» que cambien el dolor del mundo o que solucionen los problemas de la sociedad en la que vivimos, sino que cada persona, desde lo que es, desde lo que tiene, era la semilla de cambio, de fuerza e impulso necesario, suficiente y poderosa capaz de transformar con sus actos la realidad.

También decía que nosotras y nosotros mismos poseemos la capacidad y el poder de imaginarnos mejores personas y que eso se traducía en un mundo mejor.

Y se me despertaron varias reflexiones que me gustaría compartir.

No sé si alguna vez habéis sentido que sois demasiados «pequeños y pequeñas» en el mundo y para el mundo. Es una sensación extraña que, en mi caso, durante unos años, me llevó, entre otras cosas, a creer que yo no podía hacer nada para ayudar a los demás ni para cambiar la realidad o, al menos, aportar mi granito de arena.

Y es que hay veces que el mundo, el sistema, nos hace sentirnos así. Pequeñitos, indefensos, centrados en sobrevivir a nuestra propia batalla, volviéndonos «ciegos» a lo que ocurre en la puerta de enfrente, negando la oportunidad de recrear otras alternativas y quitando la energía de nuestras ganas.

Esto es un arma de doble filo. Al menos para mí. Durante un tiempo me tragué esto que os cuento. Hasta que conocí a una mujer de mi pueblo que me cambió la visión 180 grados.

«No hay una única manera de prestar voluntariado. Hay muchas. Lo importante es que te apetezca, que quieras, que te comprometas contigo y con la causa, con las personas. Puedes dar luz siendo vela o siendo espejo que refleja».

Me hizo pensar en lo necesario y lo importante.

Me hizo pensar que en mi sentimiento de indefensión también había miedo.

Miedo de no ser capaz, miedo a no saber hacer las cosas, miedo a fallar. Miedos.

Y también me hizo pensar en que quizás la historia de que el sistema me había hecho creer que no podía hacer nada, era una excusa para no enfrentarme a mis miedos y no comprometerme con la causa, como decía aquella mujer.

Porque comprometerme con la causa era tomar conciencia de realidades que duelen y que no son fáciles de mirar ya acompañar.

Porque comprometerme con la causa implicaba abandonar ciertos privilegios a los que me resistía.

Por qué comprometerme con la causa significaba esfuerzos y afrontar sustos varios.

Porque comprometerse con la causa era comprometerme conmigo misma y los demás en un grado «heavy metal».

Porque comprometerme con la causa era sentirme vulnerable y afrontar miedos.

Por eso os decía que la indefensión y la autocompasión que le sigue, a veces, son un arma de doble filo. Porque nos escudan y nos estancan y nos inmovilizan.

Hay creencias que limitan. Ya veis.

Tras cuestionarme todo, llegué a una conclusión: «en estos tiempos que corren, el voluntariado también es revolución».

Han pasado 16 años y los tiempos no cambian. Esa conclusión sigue teniendo sentido hoy en día, y sobre todo el «querer es poder». En esto sí se cumple.

Con todo esto, no me cabe más que dar gracias a la experiencia como voluntaria, por hacerme madurar, por regalarme lecciones, por empoderarme, por ponerme en contacto con la muerte, el dolor, pero, sobre todo, con la Vida.

¿Nuestra sociedad está preparada para el duelo?

Hoy es martes y son las 18.00 horas de la tarde. A esta hora, semanalmente, María, Merche, Pedro, Lucía, Marisol, José Andrés… tienen una cita en el centro de Pamplona. Unos se acercan caminando con tranquilidad, otros llegan corriendo porque salen de sus trabajos y van con el tiempo justo. Conforme se juntan se saludan efusivamente, se miran con cariño y con afecto, se reconocen y se alegran de verse nuevamente. Durante hora y media van a compartir su vida.

A todos les une una misma experiencia, todos han perdido recientemente un ser querido y buscan un espacio seguro donde poder expresar su dolor y las emociones que les embargan. Se permiten llorar sin que sus lágrimas les sean negadas o juzgadas, comparten las dificultades del día a día, hablan de sus seres queridos muertos, al principio con mucho dolor, y poco a poco con naturalidad.

Todos ellos forman un grupo de iguales donde se sienten cómodos, saben que aquí el tiempo no les mete prisa, nadie les dice lo que está bien o mal, lo que tienen que hacer o no hacer. Aprenden juntos que las emociones que sienten ahora pueden ser intensas e incómodas, pero son funcionales; poco a poco van identificando y aceptando su tristeza, su pena, su miedo, su culpa, su rabia, su sorpresa… Saben que cuando afloran es porque necesitan ser miradas y sentidas, y aprenden a dejarlas fluir, a no evitarlas. Todos se acompañan y se dan la mano en el tobogán emocional que están experimentando y van normalizando poquito a poco lo que sienten y piensan.

Casi todos agradecen este espacio y constantemente reconocen el poder tenerse unos a otros. Es mágico observar cómo se cuidan con palabras y gestos de solidaridad y comprensión. En poco tiempo hacen un vínculo relacional especial y sincero basado en la confianza y en la seguridad. Se sienten bien acompañados.

Como habréis podido adivinar hablamos de un grupo de duelo, un espacio terapéutico especialmente creado para vivir el duelo en compañía de otras personas que están atravesando una vivencia similar.

La mayoría de los participantes valoran esta experiencia de manera muy positiva. El grupo es para ellos un espacio seguro, una cita que les da un respiro y un momento de contacto social, de relación con otras personas que hablan su mismo idioma y donde pueden ser ellos mismos, es decir, por un tiempo personas en duelo. Este espacio es un remanso a la soledad que en muchas ocasiones la sociedad les condena.

Como sabéis el duelo en un proceso natural, una respuesta casi instintiva a la muerte de un ser querido, pero nuestra sociedad, demasiadas veces, bloquea y sanciona la conexión con las emociones llamadas negativas o desagradables y, por tanto, impide respuestas naturales que permiten elaborar el duelo. Esto hace que un proceso sano y fluido se bloquee dando lugar a procesos complicados. La sociedad y el entorno social influyen en la forma de gestionar el duelo marcando el ritmo y el tiempo; es una realidad que la sociedad actual invita a pasar página rápido tratando de evitar el dolor y las emociones que suelen ir asociadas y que producen desagrado.

Como hemos visto en la experiencia grupal descrita, el dolor necesita espacio para ser transitado, necesita luz y a menudo el espacio grupal es el único sitio con el que el doliente cuenta para gestionar su dolor.

La sociedad no está preparada para gestionar la realidad de la muerte, ni para apoyar a las personas que experimentan la muerte de sus seres queridos. Nuestra sociedad vive de espaldas a la certeza de la muerte, se vive la muerte como un tabú, como un error, y cuando nos enfrentamos a ella el impacto es enorme. Por ello la pandemia ha sido una torta de realidad tremenda en nuestra sociedad hedonista.

En los últimos años de nuestra historia, la muerte se ha desnaturalizado, se ha convertido en un acontecimiento extraordinario. El ser humano ha querido alejar la muerte de su vida cotidiana con la frágil esperanza de desterrarla de su existencia. Esta ocultación y esta tendencia a evitar hablar de muerte o hablar de dolor es un intento de controlar el proceso desde la distancia emocional.

«Es mucho más frecuente que un amigo o familiar te anime a estar bien o a ser fuerte, a que te permita llorar o estar mal por un tiempo».

Necesitamos madurar como sociedad para permitir a los miembros dolientes vivir el proceso de dolor de forma sana. Necesitan que los acompañemos y sujetemos en su vulnerabilidad o en su fortaleza; necesitan la presencia, el permiso, la validación y la seguridad del grupo al que pertenecen para sentirse seguros y acompañados en la experiencia vital estresante de pérdida.

Nos necesitamos para celebrar juntos lo que la vida nos da y también para compartir el dolor de lo que la vida nos quita. Necesitamos una red social compasiva y comprensiva que pueda sujetar a sus miembros cuando sientan la vulnerabilidad natural y normal que trae consigo la pérdida.

El proceso de duelo es un proceso de adaptación a una nueva realidad y necesitamos que la sociedad nos dé el espacio y el tiempo que cada uno necesita para volver a ser de nuevo un miembro con la capacidad y funcionalidad adecuadas.

Ser conscientes de que tenemos esta tarea pendiente es un primer paso y cada granito de arena cuenta.

¿Cómo quiero vivir este 2021?

Cuando estás viviendo la muerte de un ser querido y te encuentras inmersa en un proceso de duelo, el tiempo, aquello que pensamos, sentimos y hacemos, puede perder sentido y dirección.

Como ser un reloj sin agujas, un reloj que no puede dar las horas ni los minutos. Por un tiempo, somos como una brújula desorientada, sin puntos cardinales. Una veleta que gira y gira y no sabe por dónde le da el aire.

Nos desajustamos y durante el proceso de duelo aprendemos a regularnos. Poco a poco, minuto a minuto, día a día, emoción a emoción, canción a canción, paso a paso, palabra a palabra, decisión a decisión.

El duelo, duele. Y el dolor nos hace entrar en modo “supervivencia”, lo que nos puede hacer sentir vulnerables, indefensos, con poco control. También nos puede hacer creer que no podemos realizar nada para aliviar nuestro dolor o salir de él. Y esto también dura un tiempo. El necesario para darnos cuenta de que es a través del dolor, de las subidas y bajadas de esa montaña rusa, donde aprendemos la capacidad de tomar las riendas de nuestros procesos, de nuestro dolor y de nuestro momento.

A menudo, nos vienen las palabras de un gran terapeuta que decía algo así como: “El único tiempo en el que se puede vivir cuando estás transitando un duelo es el presente, porque si nos vamos al pasado, nos duelen mucho los recuerdos, y si nos adelantamos a pensar en el futuro, nos duele la ansiedad y los ‘para siempre’”.

En este sentido, la pregunta de cómo quiero vivir este 2021 puede sonar, de primeras, demasiado “grande”. Pero creemos que sintetiza la actitud de lo que queremos decir en este escrito: que a pesar del dolor, podemos volver a impulsarnos y motivarnos si nos fijamos unos objetivos reales y acordes a nuestras necesidades y a nuestro momento.

Lejos de las tradicionales listas de propuestas y metodologías “estrella” para conseguir esos objetivos de nuevo año, queremos lanzaros algunas cuestiones para que podáis pensar en ellas y, desde ahí, definir y plantearos vuestro presente:

  • ¿Cómo estoy en este momento de mi vida? ¿Qué siento?
  • ¿Qué me aporta bienestar?
  • ¿Qué me genera malestar?
  • ¿Qué necesito?
  • ¿Qué me “sobra” en este momento?
  • ¿Qué me ayuda?
  • ¿Qué me hace sentir segura?
  • ¿Qué me genera miedo o inseguridad?
  • ¿Qué me motiva?
  • ¿Qué me gustaría hacer que no hago?
  • ¿Qué me lo impide?
  • ¿Cómo puedo conseguir aquello que me propongo?

Esperamos que estas preguntas os puedan aportar “brújulas” para empezar este nuevo año.

Dicen que ser feliz es una decisión. Nosotras creemos que es un conjunto de muchas decisiones y todas empiezan por preguntarnos qué necesitamos, cómo podemos cuidarnos y cómo podemos mejorar (aprender- nos) aquello que somos y hacemos.

Nos encantaría que os animaseis a compartir vuestras reflexiones y objetivos.

Buen camino y Buen caminar en este 2021.

«El árbol de los recuerdos», cuento para acompañar a los peques en el proceso de entender la muerte

En esta ocasión queremos compartiros uno de nuestros cuentos preferidos, “El Árbol de los recuerdos”, de Britta Teckentrup, como recurso para acompañar a los más pequeños de la casa en el proceso de entender la muerte y también de vivir la pérdida de un ser querido.

Es un cuento recomendado para niños y niñas a partir de tres años y podéis encontrarlo fácilmente en cualquier librería de vuestra zona.

El “Árbol de los recuerdos” cuenta la historia de Zorro, el “prota” de este cuento:

“Zorro había tenido una vida larga y feliz, pero ahora estaba cansado. Observó su querido bosque una última vez y se quedó dormido para siempre”.

También cuenta la historia de cómo los amigos de Zorro viven la muerte de su amigo y como al recordar diferentes momentos, su corazón se va sanando.

Este libro tiene unas ilustraciones muy bonitas y cargadas de emoción, invitan a quien lo lee a adentrarse en el bosque y olerlo, a sentir la nieve, a observar el lindo paisaje, a caminar despacito por esta historia y por aquello que nos va sucediendo mientras la vamos leyendo.

Nos encanta este cuento porque nombra la muerte y nos permite reflexionar sobre ella y las emociones asociadas al duelo como la tristeza, la nostalgia y la alegría. También nombra realidades que no son fáciles de tratar y menos en un cuento como es la despedida.

En la historia, los amigos de Zorro uno a uno se van reuniendo para recordar la vida junto a él. En un momento dado, se dan cuenta que donde ha muerto Zorro está empezando a crecer una plantita, y que cuantos más recuerdos cuentan y cuanto más sienten, más crece. Acaba siendo el árbol más grande del bosque.

El amor no se acaba con la muerte”. Este es el mensaje final del libro. ¡Y cuánto nos cura saberlo y sentirlo! porque a veces el dolor nos hace olvidarlo.

Os animamos a que podáis leerlo primero los adultos y después hacerlo con los txikis. Además, os proponemos una actividad o “receta para el corazón”, que decimos en Goizargi, para que podáis hacer con ellos y ellas tras la lectura del cuento. Ahí va:


  1. Escoged un lugar cómodo, seguro y que sepáis que no vais a ser interrumpidos o molestados por nadie para poder leer el cuento tranquilamente.
  2. Leed el cuento despacio, deteniéndoos en observar las ilustraciones, fijándoos en diferentes detalles, dando lugar a posibles preguntas o reflexiones del momento.
  3. Al finalizar el libro podéis compartir las siguientes reflexiones para trabajar la comprensión, empatía, etc.:
    Preguntas referidas a la historia: ¿Qué crees que le ha pasado a Zorro? ¿Cómo crees que se sentía? ¿Y sus amigos? ¿Cómo crees que se sentían?
    ¿Cómo os habéis sentido?
    ¿Qué es lo que más os ha gustado y lo que menos?
  4. Plantar una semilla/planta/árbol en una maceta. Explicad que será nuestra “Planta de los Recuerdos” y que nos ayudará por un tiempo a recordar e inmortalizar a nuestro ser querido. Podéis compartir recuerdos o emociones mientras lleváis a cabo el proceso de plantación. Podéis colocarla en un lugar común para todos.
  5. Importante que entre todos cuidéis la planta, busquéis momentos para recordar, hablar y sentir.

Como veis, es un ejercicio muy sencillo, pero que está cargado de simbolismo y amor.

Nuestra experiencia nos dice que ayuda, que da lugar a la comunicación y a la reflexión, al amor, y que eso siempre sana y siempre suma.

¡Si lo hacéis, contadnos que tal os ha ido!

¡Gracias!

El camino de los recuerdos

“Cuando la pena cae sobre mí,
El mundo deja ya de existir.
Miro hacia atrás y busco entre mis recuerdos…”

(Entre mis recuerdos, Luz Casal)

 

El duelo es un camino, es un proceso de dolor que se inicia tras la pérdida de una persona con la que tenemos un vínculo afectivo significativo; y este camino que comenzamos a recorrer está lleno de emociones, imágenes, pensamientos, conductas, sensaciones y recuerdos.

Nuestros recuerdos son parte de lo que somos. Nuestros recuerdos son importantes y en el proceso de duelo también nos van a acompañar. Por ello, nos puede ayudar comprender su modo de actuar, ya que de ellos depende en gran medida el nuevo vínculo que vamos a establecer con la persona que hemos perdido.

Al inicio del duelo, en algunas ocasiones, no en todas, los recuerdos y las imágenes que más nos llegan pueden tener un contenido molesto e incluso perturbador. Muchas personas solo recuerdan los momentos más dolorosos vividos de enfermedad y de muerte. Estos recuerdos se fijan en la mente de manera persistente, y solo se recuerda el final de la vida de la persona querida. Son recuerdos que aparecen de modo recurrente una y otra vez, que nos embargan de dolor y malestar, y que deseamos parar o evitar porque nos hacen revivir de nuevo la experiencia de dolor pasada y nos sumen en emociones que no nos gusta sentir. En este momento el recuerdo de la persona fallecida ocupa mucho espacio en nuestro mundo interior y en nuestro pensamiento, necesitamos sentirla cerca, sentir que podemos casi tocarla. Todo nuestro anhelo es” volver” a tenerla con nosotros y, por tanto, todos nuestros recuerdos, todo el tiempo, tienen que ver con él o ella, aunque nos duelan.

Conforme avanzamos en el camino del duelo, en un duelo sano los recuerdos van siendo menos intensos, vamos aceptando la nueva realidad, y nos podemos sorprender cuando vemos que no hemos recordado a nuestro ser querido fallecido en un rato, en una mañana, o en un día… Muchas personas sienten este momento como un signo de avance y de normalidad; y otras sienten que se están olvidando y dejando atrás a su ser querido, ya que sus recuerdos no son tan nítidos, ya no pueden recordar su voz o su olor… y aparece el miedo al olvido. Pueden aparecen emociones de culpa y de deslealtad por sentir que podemos comenzar a respirar sin él o ella.

Y finalmente van apareciendo en nuestro recuerdo momentos felices, experiencias que deseamos guardar en nuestra memoria, que ya no duelen tanto y que son sentidos con agradecimiento a lo que pudimos vivir y compartir en el pasado con nuestro ser querido. Por ello, es importante saber que los recuerdos al igual que las emociones van cambiando en su forma e intensidad, y que el proceso de duelo no es para olvidar al ser querido, sino para darle espacio en nuestro corazón en forma de recuerdos.

Los recuerdos nos permiten asegurar e integrar la experiencia vivida dentro de nosotros, y van a alimentarnos en la nueva realidad y en la nueva vida que surge tras la ausencia. Son nuestra memoria y la memoria del ser que hemos perdido.

La relación no termina con la muerte, y el nuevo vínculo sigue siendo una fuente de energía, de guía y de protección.

Demos luz a nuestros recuerdos y con ellos a los seres queridos que ya no están con nosotros. Solo así permanecerán con nosotros para siempre.

Aquí y ahora: reflexiones sobre «Eso que tú me das»

Hace unos días, fui al cine y vi el documental de Pau Donés (1966-2020), cantante, compositor y guitarrista del conocido grupo “Jarabe de Palo”, y me llené de cosas sobre las que escribir.

El documental “Eso que tú me das” recoge la última entrevista de Pau, enfermo terminal de cáncer, tres semanas antes de su muerte. Pau nos regala una bella despedida y una gran colección de aprendizajes vitales al final de su camino.

Para mí, fueron 60 minutos de “alarma”, de “despertador”, de “eurekas vitales”, y me gustaría compartir con vosotras y vosotros, en formato “muy de casa”, algunas de las frases y reflexiones con las que me quedo.

Ahí van:

 

– “Los Despistadores. Ladrones de Vida”

Parece el título de una película, pero no.

La palabra “despistadores” es una palabra que he decidido utilizar para nombrar a todas aquellas cosas que me distraen de lo verdaderamente importante en la vida, y lo cierto es que desde que lo hago puedo estar más atenta y perderme menos en aquello que me roba energía, salud, tiempo, sueño, tranquilidad, serenidad, alegría, amistad, amor…

A veces nos perdemos porque no sabemos que es lo importante. Que es lo urgente.

A veces nos olvidamos de lo que realmente necesitamos para vivir.

Cuando estamos despistados no agarramos el momento presente.

Vivir es estar con lo que hay.

Es sentir lo que estás sintiendo en el ahora, en el momento presente. Sentir lo que estás haciendo, lo que está ocurriendo, lo que estás tocando, lo que estás escuchando, lo que estás oliendo, saboreando…

Si no estamos en nosotras mismas, en nuestro centro, en nuestro ahora, no podemos decidir ni hacer qué es lo que necesitamos ahora.

Quizás la tarea esté en construir un buen presente para no necesitar fugarnos y en preguntarnos:

¿Qué es lo verdaderamente importante para mí? ¿Qué necesito para vivir y sentirme viva o vivo? ¿Cuáles son mis despistadores?

 

– “A veces, el dolor es un pellizco de realidad”

Me refiero a ese dolor “fértil”, que enseña y nos ayuda e impulsa a transitar situaciones o procesos vitales difíciles.

Este título me conecta con que el dolor emocional tiene sus funciones, con como a veces nos limitamos el sentir o el experienciar emociones dolorosas y que al hacerlo, nos limitamos también la posibilidad de experimentar justo el otro extremo de la polaridad: la alegría, la serenidad, la calma…

Este tipo de dolor emocional nos conecta con la realidad. Nos conecta con nuestras necesidades y con nuestros límites. Y desde ahí nos invita a reaccionar, a reinventarnos, a hacer “inventario” de qué tenemos y de qué necesitamos desprendernos.

Si lo evitamos, la posibilidad de crecer y evolucionar en nuestra vida desaparece.

«… todo ser humano necesita gozar sus gozos y sufrir sus sufrimientos”. No recuerdo de quien es la cita, pero precisamente hablo de esto, de que hemos olvidado la segunda parte de la ecuación.

Quizás la tarea esté en normalizar el dolor, en darnos un tiempo de “dolernos”, y en preguntarnos a nosotros mismos como reaccionamos ante nuestro dolor, si lo escuchamos, si lo evitamos y, sobre todo, que aprendizaje nos trae aquello que nos está pasando.

 

– “Como a veces nos dormimos en la vida y la muerte nos despierta”

La muerte de algo o alguien, no tiene por qué ser literal, muchas veces, para sentir su “pérdida”.

Una persona me dijo una vez: “No necesito perder lo que tengo para valorarlo  y saber cuánto me importa”.

Supongo que no siempre se tiene esa capacidad y a veces necesitamos conectarnos con el sentimiento de “pérdida” para aprender ciertas cosas.

Cuando escuché hablar a Pau sobre “lo no hecho”, los arrepentimientos, etc., entré en contacto con una emoción maravillosa. La gratitud. Creo que es el antídoto contra eso que yo llamo “el nunca nada es suficiente y cuando lo pierdo, me entero”.

A veces la muerte, la pérdida, nos trae sabidurías perennes, lecciones que se aprenden al final de un proceso, al final de una relación, al final del dolor de la pérdida.

Hay una parte inevitable. Hay otra de la que podemos responsabilizarnos en vida y es la de AGRADECER, la de dar las gracias por lo vivido, lo aprendido, lo sentido y lo compartido.

 

– Aquí y ahora. ¿Quién dijo muerte?

Aquí y ahora. No hay nada más. No hay otro tiempo posible.

Es el lugar y el tiempo donde no existe la muerte.

A veces vivimos en el pasado, otras en el futuro, y eso es una fantasía, no es real.

¡Cómo desperdiciamos el ahora!

¿Qué sientes ahora? ¿Qué necesitas ahora? ¿Qué puedes hacer ahora?

Pau, en sus últimos momentos, decía que disfrutaba de cada segundo porque no pensaba en nada más que en el presente. Disfrutaba viendo los animales bajar de la montaña, disfrutaba de una conversación, de un olor…

¿Cómo puedes ser más consciente y disfrutar del momento presente?

 

– Mi despedida final

No es muy habitual, al menos en mi mundo, permitimos pensar y mucho menos compartir con nadie nuestro “ideal de muerte”.  A veces porque nos da “susto” hablar, otras porque nadie quiere escuchar.

Con “ideal” me refiero a la forma en la que nos gustaría despedirnos y que nos despidieran de este mundo. Algo así como pensar en nuestras “últimas voluntades”.

Recuerdo que he intentado tener varias veces esta conversación con personas queridas para mí, pero no ha habido manera.

Recuerdo que un ejercicio que hice en una de mis formaciones sobre duelo tenía que ver con esto mismo. Con pensar en el lugar, en el momento, en la canción, en la ropa, en la dinámica con la que quisiera decir “adiós”.

Una pregunta que se me quedó grabada en el alma y que me ayudó mucho en aquel momento fue: “¿Qué epitafio elegirías para dedicarte?”.

A veces, cuando nos planteamos estas cosas, pasan cosas bonitas y potentes.

Como por ejemplo, que miramos la vida con y desde la vida.

 

Gracias Pau, por las canciones, por los momentos que me has regalado, por las reflexiones, por la vida.

 

Siempre.

Sara Pérez.

VII Jornada sobre el Duelo: Cuando el duelo y la muerte están más cerca. Soledad y coronavirus

La VII Jornada sobre el Duelo lleva como título este año ‘Cuando el duelo y la muerte están más cerca. Soledad y coronavirus’. Organizada junto al Hospital San Juan de Dios, la celebraremos el 31 de octubre, y las ponencias y la mesa redonda serán por la mañana (no hay talleres prácticos).

Este es el programa:

10:00. Apertura de la Jornada.

10:15- 11:45.
Reflexionando sobre el nuevo presente (Juan Pedro Arbizu, Director EAPS San Juan de Dios)

Cuidando desde diferentes escenarios. Mesa redonda
“En la comunidad”. (Maite Ayarra. Centro Atención Primaria de Huarte)
“En el final de la vida”. (Yolanda Santesteban. EAPS San Juan de Dios)
“En el proceso de duelo”. (Rakel Mateo. Asociación Goizargi)
Moderadora: Tania Pérez. EAPS San Juan de Dios.

11:45-12:15 Descanso

12:15 -14:00.
En primera persona. Mesa redonda
“Mi madre murió en primavera”
“El duelo en soledad”
“Las despedidas en las residencias”
Moderadora: Marta Tapia. Asociación Goizargi

Cierre de la jornada
En colaboración con Fidel Delgado. Psicólogo clínico y Titiripeuta

 

Para adaptarnos a la situación actual, será online, en directo, y aunque es gratuito, hay que inscribirse. Podéis hacerlo directamente desde aquí.

Si tenéis alguna duda, llamadnos al 660 03 41 01.

¡Os esperamos!

La fuerza del grupo

Empieza el curso y con él comienzan las diferentes actividades y servicios que ofrecemos desde Goizargi con el objetivo de acompañar a todas aquellas personas que están atravesando este camino al que llamamos duelo. Uno de los servicios que retomamos en septiembre son los grupos de duelo, por ello queremos ofreceros unas pinceladas acerca de los mismos. ¿Qué es un grupo de duelo? ¿Qué supone para mí? ¿Cómo influye en mi proceso de duelo? ¿Cómo me puede ayudar en mi sufrimiento?

Estos grupos están formados por personas que están viviendo una pérdida y el dolor que esta implica. Generalmente está constituido por personas que han vivido pérdidas distintas (padre/ madre, pareja, hijo/hija…), aunque siempre habrá personas que compartan el tipo de pérdida. Se reúnen semanalmente, están dirigidos por una profesional y en ellos se comparten e intercambian vivencias y recursos que puedan servir de guía a los compañeros y compañeras para aliviar ese dolor y poder adaptarse de una manera sana a la nueva situación que les toca vivir tras la pérdida.

Participar en un grupo de duelo tiene numerosos beneficios para las personas que están viviendo una pérdida, destacando el vínculo que se crea entre las personas dolientes, un vínculo realmente significativo, fuerte y reconfortante ya que comparten uno de los sufrimientos más viscerales: el dolor por la muerte de un ser querido.

Además, en el grupo se encuentra un espacio seguro de apoyo emocional y una atmósfera de sostén en la cual tener la libertad de expresarse sin sentir un juicio por ello, algo que aporta una mejora a nivel emocional y físico.

Compartir experiencias similares a las de los compañeros y compañeras disminuye la sensación de aislamiento social y ayuda a normalizar y validar la experiencia de cada uno y una. Calma sentimientos difíciles, crea una gran cohesión grupal y un sentimiento de pertenencia, y se gana confianza en uno mismo para poder recuperar el control de la propia vida y mejorar la autoestima. Todas las personas hablamos el mismo idioma, el del dolor.

Al tener permiso de contar su vivencia sin tapujos, por “extraña” o inadecuada que sea en el contexto diario (por ejemplo: ver a la persona muerta por la calle), en el grupo se descubre que es una reacción natural y universal del proceso de duelo, y la persona se despoja así del sentimiento de “me estoy volviendo loca” que en muchas ocasiones produce esta experiencia.

En el grupo descubren que el dolor en sí y hablarlo abiertamente no “mata” y que la expresión del mismo les abre la posibilidad de recuperarse. No sienten la necesidad de fingir “estar bien”, el grupo se convierte en el único espacio con permiso para expresar cualquier sentimiento, por complejo o “incorrecto” que sea socialmente (ira, tristeza, culpa, soledad, etc.).

Tiene una función didáctica (se aprende con la ayuda de las demás personas) qué es el duelo, que requiere un tiempo y una actitud activa por parte del doliente, las tareas a las que deben enfrentarse, etc. La recuperación o cambio positivo de una persona del grupo es esperanza para el resto y satisfacción y orgullo por el avance del compañero.

El grupo sirve para compartir estrategias de afrontamiento a situaciones o problemas concretos, como las Navidades o el acompañamiento de los hijos e hijas. Entre todas las personas se ayudan en la búsqueda de la estrategia más adecuada a cada situación concreta. Se ayudan a descubrir otras maneras de vivir y afrontar la pérdida, encontrando poco a poco esperanza e ilusión en la vida.

En los grupos se forman pequeñas-grandes redes de apoyo para las personas que están viviendo un duelo por la pérdida de un ser querido. En ellos cada persona va aportando su vivencia, soltando pequeñas “luciérnagas” que iluminan el camino de las demás y ayudan a que el sufrimiento vaya disminuyendo, creando un vínculo de fortaleza grupal.

¿Qué mejor que las propias personas dolientes para transmitir qué ha significado el grupo para ellas y para su proceso de duelo? Os invitamos a ver el último vídeo que hemos publicado, en el que podéis acercaros más a fondo a la experiencia que se vive en un grupo de duelo.

Los rituales nos sirven para honrar, expresar el dolor, acompañarnos, integrar la realidad… Ahora es necesario reinventarnos

Sin duda, el coronavirus lo está cambiando todo, incluso los rituales para acompañar a los enfermos y despedirnos de quien muere. Esto ha llegado sin previo aviso, sin tiempo para pensar… sin preparación.

Desde Goizargi sabemos que todas y todos, sin excepción, nos enfrentamos a la realidad de que alguien querido muera, o incluso nosotros mismos muramos, y esto genera desasosiego, impotencia… sensaciones normales ante una situación llena de interrogantes.

Y aun así, seguimos contando con alternativas, con fórmulas que aunque no son lo que esperábamos, emergen de la creatividad de nuestro sentir y pueden ayudarnos a hacer una despedida.

Los rituales nos sirven para honrar, expresar el dolor, acompañarnos, dar simbolismo a lo ocurrido, ayudarnos a integrar la realidad… La despedida al lado de la persona enferma, el velatorio, el funeral… En muchos casos ahora no es viable. Por eso es necesario reinventarnos:

🦋 Ante la posible muerte toma conciencia, tienes capacidad para sujetarlo, busca apoyos e inicia la forma que tú quieras para despedirte.

🦋 Busquemos un enlace, alguien que pueda acudir, algún profesional que se encuentre cerca del enfermo, para transmitirle lo que queremos hacerle llegar.

🦋 Atiende a tu forma, a tus necesidades, vas a experimentar una montaña emocional, y solo tú sabes cómo te sientes y qué necesitas para transmitirlo a tu entorno. Solo tú sabes que es lo que más te ayuda, si te sirve escribir, dibujar, ver fotos…

🦋 Recuerda que el duelo es familiar y como tal es importante que atiendas las necesidades de los demás. Planifica conjuntamente como hacer la despedida hoy y cómo la haremos cuando el aislamiento acabe.

🦋 Cuidaros entre todos. Recuerda que necesitamos acompañamiento, aunque nuestra tendencia sea a aislarnos, y hay que respetarlo. Si queremos acompañar bien, está bien insistir, ofrecer ayudas concretas… No uses frases hechas ni niegues la emoción (sé fuerte, no llores, es ley de vida…). Muchas veces con escuchar y estar es suficiente.

🦋 Recuerda que el dolor se manifiesta en todos los ámbitos: emocional (rabia, dudas, importancia, culpa…), cognitivo (pensamiento acelerado, bloqueo, confusión…), físico (puede dolernos el cuerpo, la cabeza; nuestro sueño, nuestra forma de comer puede verse afectado…), social (con tendencia al aislamiento o a la necesidad de contacto…) y espiritual.

🦋 El duelo, el dolor, se vive desde la conexión con el mismo, y con todo el torbellino emocional que supone, y la desconexión a ratitos. No te olvides de entrar y tampoco de salir, de distraerte, de darte treguas… y descansar.

🦋 No nos olvidemos de los niños o adolescentes, ellos también forman parte del proceso, y merecen ser informados, recibir respuestas hasta donde podamos darles.

🦋 Cuenta con profesionales si lo necesitas, ¡estamos disponibles para cuidarte y acompañarte!

Goizargi pone en marcha de manera gratuita el “Programa de acompañamiento preventivo de atención en duelo”

En estos difíciles momentos de dolor y pérdida provocados por la pandemia del COVID-19, desde la Asociación Goizargi de ayuda al duelo continuamos teletrabajando para amortiguar todo lo posible las situaciones de duelo que se están viviendo en estas semanas de confinamiento.

Desde el pasado 12 de marzo hemos intentado ajustarnos a esta nueva situación y lo seguimos haciendo cada día para que nuestra ayuda y apoyo a las personas que están viviendo la pérdida de un ser querido sea la adecuada. El equipo terapéutico sigue acompañando a nuestras personas usuarias a través de llamadas telefónicas y videollamadas, y, además, estamos realizando un gran esfuerzo para crear contenidos especiales (charlas, vídeos, textos…) y difundirlos a través de las redes sociales (Facebook, Twitter y YouTube) y la página web para llegar al máximo número de personas que están sufriendo esta cruel situación.

En este afán de aportar socialmente nuestra experiencia profesional e institucional, la Junta Directiva de Goizargi, reunida con fecha 11 de abril, ha decidido adoptar dos acciones extraordinarias para ayudar en esta situación.

La primera medida va destinada a personas usuarias  que ya estaban siendo atendidas en Goizargi con anterioridad al estado de alarma. Con el objetivo de aliviar las dificultades económicas que muchas de ellas están sufriendo, se ha decidido que, desde el 14 de abril hasta el 15 de mayo, puedan disponer de nuestros servicios sin coste alguno si así lo necesitan. Queremos aportar nuestra ayuda sin que, en estos momentos, la tarifa habitual sea un inconveniente, y que sea cada persona usuaria quien valore su situación y la cantidad que pueda o no  afrontar.

La segunda medida va dirigida a aquellas personas que están sufriendo la pérdida de un ser querido desde el estado de alarma y demanden nuestros servicios. La Junta ha dispuesto ofrecer de forma gratuita ayuda y acompañamiento a familiares de personas que fallezcan entre el 15 de marzo, día que se decretó el estado de alarma, hasta el 15 de mayo. Nuestros modestos recursos económicos nos obligan a limitar la fecha de fallecimiento a este periodo, aunque estamos realizando gestiones que permitan incrementar nuestros fondos y alargarlo.

Por ello, ponemos a disposición un “Programa de acompañamiento preventivo de atención en duelo”, por vía telemática, con el objetivo de facilitar el proceso de dolor y prevenir posibles consecuencias derivadas de los factores de riesgo en que se está produciendo la muerte, un confinamiento que nos limita o impide acompañar a nuestro ser querido en sus últimos momentos, y despedirle familiar y socialmente. Las personas interesadas pueden solicitarlo llamando al teléfono 660 03 41 01, en horario de 9.00 a 12.00 h, de lunes a viernes, o enviando un correo a junta@goizargi.org e indicando su nombre y apellidos, teléfono de contacto, edad, motivo de la consulta y fecha del fallecimiento del familiar. Nos pondremos en contacto lo antes posible.

Como entidad beneficiaria del régimen de Mecenazgo Social, queremos invitar a todas las personas a colaborar con Goizargi, en la medida que sus recursos lo permitan, mediante un donativo para que podamos ampliar este programa de acompañamiento preventivo así como seguir trabajando en otros servicios y actividades disponibles.