#dandoluzaldolor, campaña de sensibilización social para dar lugar a nuestro dolor

Queremos impulsar la campaña de sensibilización social #dandoluzaldolor con el objetivo de darle lugar al dolor que sentimos.

Creemos que como sociedad nos sigue costando atender la emoción y seguimos siendo grandes evitadores del dolor. Por ello queremos visibilizar el dolor que sentimos y la necesidad que tenemos de darle un espacio, de darle luz para que pueda ser visto y así sanado.

Nos gustaría contar con vosotros  y que nos ayudéis a poder hacer esto visible a través de dos sencillos pasos:

  1. A partir del martes, 28 de abril, te invitamos a que cuelgues en tus redes sociales una foto en la que aparezcas con un folio en el que escribas una frase del estilo: “Yo elijo mirar mi dolor”, “Mi dolor es importante”, “No niegues mi dolor”… junto con el hashtag #dandoluzaldolor y la fecha 8 de mayo a las 22 horas, y nos etiquetes (tenemos perfiles en Facebook y Twitter). Si no dispones de redes sociales o no sabes cómo hacerlo, puedes enviarnos la imagen a comunicación@goizargi.org o al 660 034 101 y nosotras nos haremos cargo de publicarla.
  2. El viernes, 8 de mayo, a las 22:00 h, saldremos a los balcones y encenderemos una luz para visibilizar nuestro apoyo a este sentir. Ojalá entre todos y todas podamos entender la importancia de esta acción. Quien se duele necesita ser mirado, atendido, acompañado y entre todos y todas podemos conseguir que el permiso y el espacio al dolor sea tan importante como el aplauso y la actitud.

Ayúdanos con tu foto y compartiendo la campaña entre tus familiares y amigos. Entre todas y todos podemos #dandoluzaldolor

Dando luz al dolor

El proceso de duelo es el proceso de dolor que se inicia tras la experiencia de pérdida. Perder a alguien que tiene un valor significativo en nuestra vida, aun siendo una experiencia normal y natural, genera diferentes grados de dolor.

Para enfrentar situaciones de dolor los seres humanos tenemos algunos mecanismos, generalmente inconscientes, que permiten regular emociones, sentimientos y pensamientos que se generan en situaciones de alto impacto emocional.

La negación es un mecanismo que produce una sensación de irrealidad y de incredulidad ante lo acontecido. Se expresa con manifestaciones tipo “no puede ser”, “no me lo puedo creer”, “no es posible”. Es una especie de anestesia emocional que permite suavizar el dolor y dar un poco de tiempo para procesar su significado.

El momento de negación o fase de negación tiene que ver con silenciar, no hablar, adoptar un rol de fortaleza y obviar la realidad de lo que está pasando.

En la situación actual de alarma por coronavirus se están produciendo muchas muertes y experiencias de dolor que se presentan en forma de cifras y números asépticos sin ningún contenido de emoción. Paradójicamente, la muerte está más que nunca en el centro de nuestras vidas y la contamos por miles, pero no tiene todavía espacio a excepción de pequeños gestos individuales.

Cada día, a las ocho de la tarde, nos reunimos para agradecer la labor de los profesionales que cuidan de nuestra salud. A este acto se han ido añadiendo otros lúdicos y festivos, en algunos casos ruidosos, que nos conectan con la vida y con emociones de alegría, disfrute y celebración que, sin duda, son positivos y nacen de la necesidad del ser humano de mirar al futuro en medio de la desesperanza y de sentirnos vivos.

Sorprende que al amparo de esta manifestación no surjan actos colectivos de recuerdo y acompañamiento al dolor y una mirada social hacia las muertes que se están produciendo. En Goizargi nos preguntamos si tiene que ver con el miedo al dolor.

Y también en nuestra mirada a las personas que están viviendo un duelo en primera persona nos preguntamos qué y cómo se sienten, qué esperan, si les estamos acompañando como necesitan, si se sienten incluidos, nos sienten cerca, es suficiente lo que compartimos…

No es nuevo que nuestra sociedad vive de espaldas a la muerte, la muerte es un  tabú y morir un error del sistema que da miedo. Negamos la certeza de la muerte como si eso nos protegiera de ella. Y ahora, aún cuando es masiva y cercana, seguimos negándola, hemos adoptado la inmensa mayoría una actitud de negación colectiva como manera o modo de evitar la realidad. Estamos distrayendo el dolor con festejos de vida y olvidamos que la muerte no deja de estar. Le negamos su lugar.

No sabemos cuanto tiempo más estaremos en negación, queremos confiar en la capacidad y recursos que los seres humanos tenemos para afrontar las dificultades de la vida.

Puede ayudarnos conocer que permanecer excesivo tiempo en negación nos puede impedir hacer un relato sano y realista de la experiencia vivida, y puede dificultar su elaboración e integración. Es decir, puede tener consecuencias en la salud emocional y psicológica.

En resumen, la incapacidad para mirar a la muerte, para darle espacio y para aceptar el dolor que lleva asociado nos hace más vulnerables. La evitación y no aceptación del dolor, el aplazamiento de su expresión, el temor a la muerte no facilita las tareas del duelo y puede complicar la evolución individual y colectiva de esta situación, que sin duda va a dejar huella.

Ojalá la huella colectiva que dejemos pueda ser pintada con el color de todas las emociones sentidas y vividas, sin que evitemos ninguna. Todas son nuestras y, por lo tanto, merecedoras de ser expresadas y tratadas con afecto dándoles el espacio que merecen.

El dolor, como cada vínculo, es único. Recomendaciones para este nuevo orden impuesto por el coronavirus

Miles de familias están viviendo situaciones traumáticas y experiencias de dolor que nunca imaginaron. El coronavirus ha impuesto un nuevo orden en la manera de vivir y de relacionarnos.

De golpe todo ha cambiado. La enfermedad separa con sus síntomas a unos seres queridos de otros.

Todos confinados en casa, muchos aislados en su propio entorno, esperando que los síntomas mejoren. Otros ingresados en hospitales y residencias esperando poder superar la enfermedad para volver con los suyos y, más de los que nos gustaría, muriendo indefensos lejos de sus seres queridos y de la seguridad de sus hogares.

Tiempos de espera que parecen no terminar nunca, incertidumbre sobre lo que nos puede pasar, miedo a la pérdida, angustia, ansiedad, dolor por no poder hacer nada…

No hay palabras para describir esta experiencia. El dolor, como cada vínculo, es único.

No podemos ponernos en el lugar de los demás, solo vamos a intentar ayudarles con algunas recomendaciones que, vistas en la situación actual, parecen poca cosa.

 

1.- Acepta la realidad.

Sería la primera tarea a enfrentar. No es fácil, ni sencillo. Sabemos que nuestro ser querido está enfermo y que puede morir, pero sentir y aceptar esta realidad duele mucho… La enfermedad a veces no da tiempo para que nos preparemos, pero ir aceptando que somos mortales y que no podemos cambiar nuestra naturaleza puede ayudarnos a afrontar lo que sea que suceda.

 

2.- Date permiso para sentir.

Tus emociones son importantes, las necesitas, tienen la función de conectarte contigo y con los demás. No las temas, no las evites, déjalas estar, siente lo que sea que llegue, identifícalas: miedo, tristeza, enfado, incertidumbre…

No te enganches a ellas, déjalas fluir, es normal lo que te pasa.

Obsérvalas, conócelas y recuerda que son producto del afecto y del amor.

 

3.- Vive el presente.

Vive el aquí y ahora, procura no anticipar el futuro. Ocúpate de lo que tienes contigo. Cuida los vínculos de apego que has ido tejiendo a la largo de tu vida. Únete a tu ser querido aunque esté distante y no puedas acceder a él, con un lazo de cariño y afecto. Déjate sentirte junto a él/ella, con él/ella. Confía en la fuerza del amor, escríbele, grábale un audio… Está contigo aunque ahora no puedas verlo, ni tocarlo.

 

4.  Eres una persona con capacidad.

Quizás sientas que esta situación te desborda, que es demasiado.

La experiencia de dolor, la incertidumbre, la amenaza de pérdida o la pérdida de una persona importante de nuestra vida siempre nos hace sentir muy vulnerables.

Pero los humanos somos seres capaces, estamos diseñados para afrontar las experiencias de la vida, por muy duras que sean. Cree en ti, en tu capacidad, en tus recursos. Tu capacidad permanece contigo y es un factor que te va a proteger.

 

5.- Cuídate.

No te olvides de que tú también necesitas cuidado. Esfuérzate en darte los cuidados básicos necesarios para mantener tu energía. Respétate queriéndote y ocupándote de tus necesidades. Busca momentos para ti, haz alguna cosa que te ayude a sentirte mejor, escucha tu música favorita, contacta con tu familia o con tus amigos, elige una o varias fotos que te gusten y haz un pequeño álbum con alguna reflexión que alivie tu mundo emocional… Busca un mundo propio que te dé un poco de calma y tranquilidad en el ruido que te rodea.

 

6.- Pide ayuda si la necesitas.

No estás solo/a. Si sientes que no puedes, pide ayuda. La fortaleza se demuestra pidiendo ayuda cuando se necesita. Acude a profesionales para que te orienten y te acompañen en este momento difícil. Una mano temporal en la que apoyarse puede ser de gran ayuda. Busca tu propio círculo de seguridad.

 

Estamos para lo que necesites,

ofrecemos nuestras manos para unirse a las vuestras.

Sobre la vulnerabilidad…

Las personas que están en un proceso de duelo por haber perdido una persona querida o un vínculo significativo suelen sentir una gran diversidad de emociones y de sentimientos. Muchas de ellas dicen sentirse vulnerables, y esto no siempre les gusta porque muchas veces es entendido como debilidad.

En duelo, muchas personas sienten una fragilidad interior que hace referencia, por una parte, a la ausencia de la persona fallecida y, por otra, a la conciencia que emerge sobre la propia condición mortal.

¿Qué puede pasar cuando a la vulnerabilidad personal e íntima, normal y natural en un proceso de duelo le añadimos la vulnerabilidad “social y colectiva” que emerge de una amenaza real pero desconocida como es el coronavirus?

Nos surgen muchas preguntas ante esta situación vital de amenaza general que está generando reacciones colectivas diversas y que puede azuzar nuestras penas y nuestros miedos.

Es una realidad que en la experiencia de duelo se suelen ver afectadas muchas de las áreas de la vida de las personas dolientes; puede haber cambios más o menos intensos a nivel emocional, cognitivo, conductual, físico, etc. En muchas ocasiones aparece la sensación de que todo se ha puesto patas arriba, de que todo ha cambiado a peor y que no se va a poder seguir viviendo. Pero los dolientes, aun a su pesar, ven como la vida no se puede parar, sigue estando ahí, demanda atención y espera respuestas a las cosillas que surgen en el día a día.

La vulnerabilidad es más compleja que una simple suma matemática, y no cabe duda que esta nueva situación a la que nos enfrentamos puede hacernos sentir la vulnerabilidad con mayor intensidad. De nuevo podemos sentir que ya es demasiado y que, ahora sí, no vamos a poder con todo esto. Pero, como ya sabéis, no podemos cambiar la realidad y la vida sigue estando ahí. Quizás nos gusta todavía menos, pero no podemos no mirarla porque se cuela con cada llamada de consuelo y de ánimo que recibimos, con cada gesto que hacemos a las personas que todavía tenemos cerca y con cada aplauso que ofrecemos. Nuestra vida reclama su espacio y con virus o sin él esperemos que permanezca con nosotros; y para ello necesita que la cuidemos con responsabilidad y afecto.

Ahora no solo las personas en duelo se sienten vulnerables, toda la sociedad se siente vulnerable, todos estamos en duelo y sentimos nuestra vida y la vida de las personas que queremos amenazada. Todos somos susceptibles de cuidado.

Tenemos una nueva oportunidad para mirarnos y sentirnos con capacidad de superar los retos que la vida va poniéndonos por delante, aunque nunca hubiéramos podido imaginar la realidad actual. Con solidaridad, cuidado y respeto hacia nuestra vida y a la vida de los demás también vamos a ser capaces de superar y afrontar esta realidad, por dura que sea.

El duelo en niños y niñas en esta situación de confinamiento y pandemia

Los niños y las niñas dependen de sus adultos de referencia para adaptarse saludablemente a las circunstancias complicadas. Nos encontramos ante una situación totalmente nueva para ellos y para nosotros… la obligación de estar en casa, salirnos de la rutina, y también de aquello que nos evade… Y además el miedo a la muerte y a la enfermedad, la realidad de que alguien cercano esté contagiado o haya muerto por este motivo o cualquier otro… Una suma de factores difíciles.

Está suponiendo todo un reto adaptarnos, y también lo es acompañar a los pequeños en su propia adaptación, sobre todo porque se mueven nuestros propios dolores, miedos o preocupaciones.

Pero tienen derecho a que lo intentemos, aquí van unas cuantas pautas que pueden ayudarnos:

🦋 Procurad responder a sus preguntas con la mayor claridad y ajuste a su capacidad de comprensión.

🦋 Es importante tranquilizarles al respecto de su propia muerte o enfermedad y la de sus familiares. Sobre todo a los más pequeños les podemos recordar que “muere la gente que es muy muy mayor o muy muy malita, y los mayores estamos haciendo todo lo posible para protegerles y protegernos”.

🦋 No debemos negarles la realidad. Si no sabemos la respuesta, les diremos que no la sabemos, sin inventarnos. Por ejemplo: “No sabemos cuándo acabará el estar encerrados pero sí sabemos que volveremos al colegio, a trabajar, a ver a los amigos…”.

🦋 Si como familia estamos en duelo, hablemos de cómo nos estamos sintiendo (tristes, enfadados, contentos, miedosos…). En nuestro proceso tendremos momentos de mayor dolor por la pérdida y otros de menos o, incluso, alegres alrededor de recuerdos bonitos. Ambos dos pueden ser compartidos con los más pequeños.

🦋 Es importante proteger a los menores de situaciones de desbordamiento en las que perdemos los nervios, el dolor es muy desgarrador o nos invade el miedo. Puede servirnos hablar con otro adulto o buscar soporte. Recuerda que el dolor no mata y todos somos capaces de sobrevivir a un proceso de duelo.

🦋 Frente a una posible pérdida, es importante hablar con ellos para que puedan integrar esta realidad. Podemos invitarles a hacer algún dibujo, manualidad o escrito para despedirse e intentar hacérselo llegar a la persona que esté muriendo si es posible.

No olvidemos que aun siendo muy pequeños, sienten muy fuerte y son tan capaces como nosotros de superar situaciones estresantes y elaborar sus duelos, solo necesitan protección, información y muchísimo cariño para hacerlo de forma saludable.

Ayuda emocional tras la muerte de personas por la pandemia

Ante la situación actual que estamos viviendo de confinamiento, en los que el dolor y la soledad ante la pérdida de un ser querido pueden verse agravados, desde Goizargi nos ponemos a disposición de cualquier persona que necesite apoyo en estos días tan complicados.

Sabemos lo difícil y duro que es perder a alguien que quieres, más aun en un momento social tan complejo.

Sabemos también que cuando existe una naturaleza traumática en la muerte o una falta de apoyo social, los procesos de duelo que vivimos o vamos a vivir pueden complicarse o ser duelos de riesgo.

Por eso queremos acompañarte y estar cerca de ti si quieres y lo necesitas, porque también sabemos que la ayuda y el acompañamiento en estos momentos son siempre un factor preventivo.

Si te encuentras en esta situación o alguna similar, escríbenos, llámanos, dinos que necesitas y haremos todo lo posible por acompañarte.

En este momento el cuidado físico es sin duda lo primero, sin embargo también hemos de estar atentos al cuidado emocional de las personas que sufren…

NO DUDES EN CONSULTARNOS LO QUE NECESITES. ENVÍA TU DEMANDA A NUESTRO EMAIL (asociacion@goizargi.org) O LLÁMANOS POR TELÉFONO (660 034 101/948 363 883). NOS PONDREMOS EN CONTACTO CONTIGO.

No somos muy de consejos, pero… aquí van unos cuantos para estos días complicados

Estamos ante una nueva situación que probablemente muchos de nosotras y nosotros jamás habíamos vivido. Resulta extraño saber que NO DEBEMOS SALIR DE CASA, y lo chocante que esto resulta con la realidad que, tal vez, muchas de nosotras y nosotros hemos vivido al experimentar o estar experimentando un proceso de duelo por la muerte de nuestros seres queridos.

En ocasiones, una respuesta normal, básica y real que nos sucede al morir alguien cercano es la necesidad de aislarnos, de no relacionarnos. La sensación que tenemos en ocasiones de falta de comprensión, de validación de nuestro propio sentir. Probablemente por esto para nosotras y nosotros esta situación de cuarentena es tan “extraña”.

Estamos viviendo un duelo en el que lo que prima en muchos momentos es el dolor, la tristeza, la usencia del que ya no está y, a la vez, todo esto lo estamos viviendo y lo vamos a vivir en “relativa soledad”. Ya no elijes aislarte, estar sola o solo, ahora es una obligación. No puedes ni debes salir de casa.

Toca mirar hacia adentro y en muchas ocasiones los cimientos empiezan a tambalear… o tal vez no. Es un momento “obligado” de reflexión, de toma de conciencia. A la par, comenzamos a darnos cuenta de lo importante, de que tal vez esa frase que alguien te dijo en un momento dado no era tan transcendental como para negarle el saludo o la mirada, que tal vez las personas nos intentamos apoyar las unas a las otras con las muchas o pocas herramientas que tenemos cada una para hacerlo. Cuando nos niegan la libertad, el compartir, el abrazo, el encuentro… nos damos cuenta de lo necesarios que son.

Eso a nosotras y nosotros, que sabemos lo que es sentir el dolor por la ausencia, no nos sorprende. Quizás lo que diferencia nuestra realidad es que cuando esto termine todas y todos podremos volver a abrazarnos porque gracias a todas y todos esto tendrá un fin. El PARA SIEMPRE Y EL NUNCA MÁS tan desgarrador en los procesos de duelo plantea la verdadera diferencia.

Por eso es importante que respiremos mucho, que nos centremos en el hoy, en el ahora. Que observemos la capacidad que tenemos de cuidarnos y atendernos de un modo u otro. En realidad no estamos solos, no hay más que observar todos los movimientos sociales que se están dando estos días. Juntos funcionamos mejor, somos más fuertes.

Hay algunos consejitos (y eso que lo de los consejos no nos gusta mucho), que tal vez puedan ayudarnos a todos y también a esas personas que en estos días complicados, además, se les suma el dolor por la pérdida de alguien significativo. Ahí van…

  1. Evita la sobreinformación: en ocasiones puede generar ansiedad y bastante tenemos ya de base… Está bien que podamos conocer información al respecto pero con una vez al día puede ser suficiente. Decide tú el momento en el que quieras saber.
  2. Dale la vuelta al pensamiento. Intenta no pensar en que no puedes salir, piensa que entre todas y todos estamos consiguiendo mejorar la situación para salir cuanto antes.
  3. Relaciónate y comunícate con los tuyos. Propón encuentros, espacios de diálogo. Es curioso ver como en momentos difíciles se agudiza nuestra creatividad. Recuerda a tus compañeras y compañeros de duelo. Ellas y ellos también están como tú. Date permiso para llamarles, escribirles… Hagamos red entre todas y todos.
  4. Busca actividades físicas y/o manuales para hacer. Piensa en todo eso que siempre has querido hacer pero nunca encuentras el momento… Ahora es el momento. Puedes escribir lo primero que te venga a la cabeza, un diario sobre esta situación, puedes ordenar esas fotos que están ahí guardadas, o aprender a dibujar y/o pintar. ¡Déjate y verás cómo tu mente está llena de ideas!
  5. Date permiso a sentir, lo que sea que sientas. Van a ser días complejos donde se nos agolpan muchas emociones. Tú sabes bien qué es eso de sentir muchas cosas a la vez. Respira, no las niegues y recuerda que pasarán.
  6. Si estás acompañada/o en estos días… recuerda que todas y todos estamos pasando por esto. Un poco de calma entre todas y todos. Si necesitas espacios para ti, date el permiso de pedirlos y también de entender las necesidades individuales de las y los demás.

RECUERDA QUE EN GOIZARGI ENTRE TODAS Y TODOS VAMOS A PASAR ESTOS DÍAS JUNTOS DE LA MEJOR FORMA POSIBLE. ¡SOMOS UN EQUIPO!

Seguiremos acompañando por la redes

“En el GAM nos comprendemos y eso lo es todo”

En Goizargi ofrecemos diversos servicios acorde con las necesidades de nuestras personas usuarias. Uno de ellos es el GAM (Grupo de Ayuda Mutua), un espacio de comprensión y normalización del proceso de duelo entre personas a las que les une una misma circunstancia vital y un proceso emocional similar. También es un lugar que brinda la posibilidad de establecer nuevas relaciones y amistades. El grupo se junta cada 15 días y está acompañado por dos facilitadoras voluntarias de la asociación.

Para poder entender lo que significa os dejamos unas frases y reflexiones de las personas del grupo sobre el mismo: ¿Qué significa el GAM para ti? ¿Qué te aporta?:

🦋 “Para mí es la continuación positiva del duelo, aprender a vivir sin ellos”

🦋 “Aquí hemos podido conocernos a fondo, entablar relaciones con personas que están en las mismas circunstancias que yo. Es realmente reconfortante”

🦋 “El GAM me ayuda a soportar esa sensación de soledad, ante la ausencia de mi mujer, que vivo a diario”

🦋 “Cuando has vivido algo que te ha marcado tanto y te juntas con personas que han vivido circunstancias parecidas, te das cuenta de que sus experiencias te pueden ayudar y las tuyas pueden ayudar a los demás”

🦋 “Los problemas compartidos son menos problemas y las alegrías compartidas son más alegrías”

🦋 “En el GAM nos comprendemos y eso lo es todo”

Reflexiones de vida durante el proceso de duelo

Un usuario muy especial ha decidido cedernos las cartas escritas a su mujer, sus reflexiones de vida durante el proceso de su duelo, con la intención de que compartirlas sirva para acompañar a otras personas en su dolor.

Desde la asociación, ¡Gracias de corazón!

Esta es una de sus cartas:

 

“Gracias amor por compartir tu existencia, tu vida, junto a mí… esa vida que parece larga pero que a mí se me ha hecho muy corta.

Gracias por compartir esas pequeñas cosas del día a día, las alegrías y las tristezas, las risas y los lloros, las ilusiones y desilusiones, los silencios y las palabras, el día y la noche, tu esfuerzo y ayuda… Tu mal y buen genio, tus proyectos y secretos, tu saber hacer y estar, tus virtudes y defectos… nuestras hijas y nuestros nietos… En fin, gracias por tantas y tantas cosas.

Dicen que es de buen nacido ser agradecido y que se suele reflejar en un regalo, un beso, una palabra… En este caso el regalo para ti es una rosa, una rosa roja que para mí representa el amor eterno que te tengo, y la palabra te quiero, ¡ya sabes cómo y cuánto!

Te oigo en mi corazón. Oigo como tú también me das gracias… No hay de qué, te mereces esto y mucho más.

Te agradezco de parte de todas las personas que te conocían, tus amigas, vecinos… por tu amabilidad y simpatía. Un vecino, que ya sabes quién es, me suele comentar que un día se encontró contigo en el portal y te deseó los buenos días, y tú le contestaste: ¡Serás mentiroso! Si hace un día de perros. Me dice que la forma en que lo dijiste, esa gracia… te hacían única, y que gracias a esas cosas sonríe cada vez que te recuerda.

Gracias también de parte de las enfermeras del hospital por hacerles más llevadero su trabajo. Aún me acuerdo cuando tras la última sesión de radio te despidieron cantando ‘Adiós con el corazón, que con el alma no puedo…’.

¿Cómo no voy a darte las gracias por tantas y tantas cosas? Parece que te pongo en un pedestal… Y claro que todos tenemos defectos, pero en tu caso las virtudes, las cosas buenas, los superan con creces.

Tu ayuda, tu empuje, que me elegiste, tu cariño… en fin, toda tu vida sin separarte a mí. Solo decirte una cosa: te quise, te quiero y te querré.

Muchas gracias, Amor”

El día en que el Silencio se escucha, no es incómodo y se permite

Nos encanta el otoño. Hace que el tiempo se ralentice invitándonos a ir más lento, a pisar con cuidado, a mirarnos hacia adentro.

También nos parece una época propicia para reflexionar sobre la muerte, el duelo, sentirnos, compartirnos… Hoy es el día.

El día de hoy recibe muchos nombres, “Día de Todos los Santos”, “Día de los Muertos”… para nosotras es el “Día”.

El día en que parece que nuestras defensas, nuestros sustos, miedos y temblores desaparecen para hablar de la Muerte, del dolor.

El día en que podemos recordar juntos.

El día en que las lágrimas pueden ser.

El día en que la tristeza es “parte de” y no se le mira como a una extraña.

El día en que el Silencio se escucha, no es incómodo y se permite.

El día en que ponemos nombre, lugar, fecha y cara a las personas y lugares que nos han dolido, que nos duelen y que también nos han hechos felices durante nuestra Vida.

El día en que mostramos nuestros Duelos de una forma natural y bella. Como si fuera parte de la Vida. Y cómo nos gustaría poder quitar ese “como”.

Porque las personas que hemos vivido la muerte de un ser querido necesitamos dolernos y expresar las emociones cada día del año. Necesitamos del dolor para sanar. Aunque sabemos que resulta difícil de entender.

Porque las personas que hemos vivido la muerte de un ser querido necesitamos hablar, compartir y recordar.

La necesidad de recordar y honrar a nuestros muertos es tan antigua como el ser humano. Viene escrita en nuestros genes y en todas las culturas del mundo.

Honrar, que palabra tan bonita. Vida Vivida. Vida compartida. Orgullo. Amor. Estima. Respeto. Consideración. Admiración. Recordar. Volver a pasar por el corazón. Para Siempre. Juntos. Infinitos.

Suena en nuestras cabezas, y además lo hace en modo bucle, el estribillo de aquella preciosa ranchera que decía: “Amor verdadero nos une por siempre en el latido de mi corazón”.  Sí, es de la película “Coco”. Nos encanta. Tenéis que verla.

Hoy es el día para que si tú quieres, puedas compartir tu memoria. Vuestra historia. Tu historia.

Si no quieres o no puedes hacerlo, también está sano. Permítetelo.

¿Te apetece compartir algo con nosotras?

Por nuestra parte, será un privilegio leeros.

¡Un abrazo!