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¿Nuestra sociedad está preparada para el duelo?

Hoy es martes y son las 18.00 horas de la tarde. A esta hora, semanalmente, María, Merche, Pedro, Lucía, Marisol, José Andrés… tienen una cita en el centro de Pamplona. Unos se acercan caminando con tranquilidad, otros llegan corriendo porque salen de sus trabajos y van con el tiempo justo. Conforme se juntan se saludan efusivamente, se miran con cariño y con afecto, se reconocen y se alegran de verse nuevamente. Durante hora y media van a compartir su vida.

A todos les une una misma experiencia, todos han perdido recientemente un ser querido y buscan un espacio seguro donde poder expresar su dolor y las emociones que les embargan. Se permiten llorar sin que sus lágrimas les sean negadas o juzgadas, comparten las dificultades del día a día, hablan de sus seres queridos muertos, al principio con mucho dolor, y poco a poco con naturalidad.

Todos ellos forman un grupo de iguales donde se sienten cómodos, saben que aquí el tiempo no les mete prisa, nadie les dice lo que está bien o mal, lo que tienen que hacer o no hacer. Aprenden juntos que las emociones que sienten ahora pueden ser intensas e incómodas, pero son funcionales; poco a poco van identificando y aceptando su tristeza, su pena, su miedo, su culpa, su rabia, su sorpresa… Saben que cuando afloran es porque necesitan ser miradas y sentidas, y aprenden a dejarlas fluir, a no evitarlas. Todos se acompañan y se dan la mano en el tobogán emocional que están experimentando y van normalizando poquito a poco lo que sienten y piensan.

Casi todos agradecen este espacio y constantemente reconocen el poder tenerse unos a otros. Es mágico observar cómo se cuidan con palabras y gestos de solidaridad y comprensión. En poco tiempo hacen un vínculo relacional especial y sincero basado en la confianza y en la seguridad. Se sienten bien acompañados.

Como habréis podido adivinar hablamos de un grupo de duelo, un espacio terapéutico especialmente creado para vivir el duelo en compañía de otras personas que están atravesando una vivencia similar.

La mayoría de los participantes valoran esta experiencia de manera muy positiva. El grupo es para ellos un espacio seguro, una cita que les da un respiro y un momento de contacto social, de relación con otras personas que hablan su mismo idioma y donde pueden ser ellos mismos, es decir, por un tiempo personas en duelo. Este espacio es un remanso a la soledad que en muchas ocasiones la sociedad les condena.

Como sabéis el duelo en un proceso natural, una respuesta casi instintiva a la muerte de un ser querido, pero nuestra sociedad, demasiadas veces, bloquea y sanciona la conexión con las emociones llamadas negativas o desagradables y, por tanto, impide respuestas naturales que permiten elaborar el duelo. Esto hace que un proceso sano y fluido se bloquee dando lugar a procesos complicados. La sociedad y el entorno social influyen en la forma de gestionar el duelo marcando el ritmo y el tiempo; es una realidad que la sociedad actual invita a pasar página rápido tratando de evitar el dolor y las emociones que suelen ir asociadas y que producen desagrado.

Como hemos visto en la experiencia grupal descrita, el dolor necesita espacio para ser transitado, necesita luz y a menudo el espacio grupal es el único sitio con el que el doliente cuenta para gestionar su dolor.

La sociedad no está preparada para gestionar la realidad de la muerte, ni para apoyar a las personas que experimentan la muerte de sus seres queridos. Nuestra sociedad vive de espaldas a la certeza de la muerte, se vive la muerte como un tabú, como un error, y cuando nos enfrentamos a ella el impacto es enorme. Por ello la pandemia ha sido una torta de realidad tremenda en nuestra sociedad hedonista.

En los últimos años de nuestra historia, la muerte se ha desnaturalizado, se ha convertido en un acontecimiento extraordinario. El ser humano ha querido alejar la muerte de su vida cotidiana con la frágil esperanza de desterrarla de su existencia. Esta ocultación y esta tendencia a evitar hablar de muerte o hablar de dolor es un intento de controlar el proceso desde la distancia emocional.

«Es mucho más frecuente que un amigo o familiar te anime a estar bien o a ser fuerte, a que te permita llorar o estar mal por un tiempo».

Necesitamos madurar como sociedad para permitir a los miembros dolientes vivir el proceso de dolor de forma sana. Necesitan que los acompañemos y sujetemos en su vulnerabilidad o en su fortaleza; necesitan la presencia, el permiso, la validación y la seguridad del grupo al que pertenecen para sentirse seguros y acompañados en la experiencia vital estresante de pérdida.

Nos necesitamos para celebrar juntos lo que la vida nos da y también para compartir el dolor de lo que la vida nos quita. Necesitamos una red social compasiva y comprensiva que pueda sujetar a sus miembros cuando sientan la vulnerabilidad natural y normal que trae consigo la pérdida.

El proceso de duelo es un proceso de adaptación a una nueva realidad y necesitamos que la sociedad nos dé el espacio y el tiempo que cada uno necesita para volver a ser de nuevo un miembro con la capacidad y funcionalidad adecuadas.

Ser conscientes de que tenemos esta tarea pendiente es un primer paso y cada granito de arena cuenta.

«Un chute de vida en el sentido más vital y doloroso de la palabra»

“Ha pasado un mes aproximadamente desde la finalización de Pinceladas I.

Iba ilusionada y a la expectativa. Me habían hablado tanto de que era un fin de semana intenso, que esperaba un chute de energía que creo necesitaba… Y no me decepcionó. Fue emocionante y catártico a la vez, un chute de vida en el sentido más vital y doloroso de la palabra.

He podido volver a conectar y recolocar, no ya el dolor, sino la ausencia. Esta falta tan grande de un compañero de vida que lo es todo, en todo momento y para todo. Está recolocado, pero no solucionado. La ausencia sigue allí, dejando un hueco que no puedo llenar y que de alguna forma no me deja vivir la vida como yo quiero, plenamente, un poco loca, dejándome arrastrar por los sentidos, por la belleza, por el amor hacia todas las cosas. No se trata de sustituir, se trata de reinventar la vida sin huecos, y eso me está costando. Él siempre estará en mi corazón y mi corazón está lleno, pero siento que a mi vida le falta algo, algo que no depende de nadie sino de mi misma. Sigo teniendo miedo a no poder conseguirlo a pesar de mis intentos.

He llorado, he sentido, he compartido y he sido feliz en el taller. Compartir mi dolor, mi experiencia, mis logros, mi vida… me ha llenado y me ha satisfecho. He tenido la sensación de conectar, de que mi experiencia, dolorosa al fin, ha dado sus frutos y que estos son hermosos y los puedo compartir.

Entré en el taller esperando emociones fuertes, una sacudida del alma, un empujón para la vida. Fue intenso y encontré lo que buscaba, más de lo que buscaba: un chute de autoestima; la certeza de que voy bien, por buen camino, pero también la certeza de que me queda mucho que hacer, quizás recorrer un camino que no se acaba nunca, en el que me haga y me rehaga mil veces, con luces y sombras; y la certeza de que todo depende solo de mí misma… aunque a veces necesite un buen empujón para echar a andar como el de PINCELADAS.

Me he dado cuenta de que os necesito, que habéis sido como un “fisio” que recoloca cada parte de mi cuerpo en el lugar que le corresponde; pero la vida revuelve una y otra vez y siento que el mantenimiento es necesario para seguir en la brecha a pecho descubierto, sin tapujos.

PINCELADAS I me ha mostrado que tengo superado el duelo, pero que no he encontrado aún el camino a “mi vida”. De momento, y las circunstancias me empujan a ello, me dejo llevar sin tener sujetas las riendas, y esto me crea cierta frustración con la que combato día a día. Soy tan consciente de lo feliz que fui y de la suerte que tuve con Ángel que ahora el día a día me parece anodino. Sé que me falta buscar ese algo que me daba la alegría para encarar el día y que me hacía disfrutar desde el mismo momento de amanecer, y sé que tengo que buscarlo en mí misma.

Soy yo la que me boicoteo, muchas veces sin darme cuenta, dejándome llevar, sin pelear siquiera. Lo sé. Me falta motor a veces… o quizás solo la gasolina… o tal vez un mapa, una guía, ese algo que dé sentido a mis pasos. Esa es mi tarea pendiente y tengo que reconocer que me está costando.

Quiero sacarle chispas a la vida como la saqué ese fin de semana junto a mis compañeros y a mis comandantes. Quiero verme reflejada en vosotras.

Necesito ayuda y quiero ayudar. Quiero, deseo PINCELADAS 2 y reencontrarnos de nuevo”.

Herramientas de “cine” para acompañar y acompañarnos

Normalmente utilizamos la palabra “acompañar” para hablar de lo que hacemos entre personas. Sin embargo, a lo largo de la historia, otras realidades han sido elementos que nos han acompañado como objetos especiales: lugares simbólicos donde nos sentimos seguros, el arte en todas sus dimensiones, la música e incluso el cine.

Para nosotras el cine es una forma más a través de la cual podemos normalizar nuestros sentimientos, vernos reflejadas en el otro, servirnos de sus imágenes, formas y sonidos para emocionarnos y también para aprender. A continuación, os ofrecemos algunos de nuestros títulos preferidos sobre el duelo y la muerte que os recomendamos para ver solos o acompañados de quien más os apetezca. Vamos a intentar no haceros ningún spoiler.

 

1. Coco (2017). Apta para todos los públicos.

Nuestro primer título es muy especial. Coco es un niño con una gran pasión por la música que vive en una familia que la odia. Él no entiende nada, pero su curiosidad e inocencia le llevan a conocer la Tierra de los Muertos. Una película preciosa que puede ayudarnos a conversar sobre la muerte como parte de la vida a cualquier edad. Coco nos regala grandes frases durante la película como “solo se muere cuando se olvida y yo nunca te olvidaré”. ¡Tenéis que verla!

2. Los descendientes (2011). No recomendada para menores de 7 años.

Esta película trata el duelo a nivel familiar, qué supone un duelo en nuestras vidas. Los descendientes nos invita a reflexionar sobre el final de la vida, sobre las últimas conversaciones, o no, con las personas que queremos, sobre qué pasa cuando la situación se complica aún más y nuestra relación con el ser querido no pasa por su mejor momento… ¿Qué hacemos con la culpa?, ¿cómo sujetarla? Una muestra muy real y dolorosa de cómo el final de vida a veces también coincide con el momento de la reconciliación y el perdón.

3. Belleza oculta (2016). No recomendada para menores de 12 años.

Will Smith es un exitoso ejecutivo de publicidad de Nueva York. Su situación cambia drásticamente cuando la muerte le golpea y comienza un duro proceso de duelo. Su gente más cercana intenta animarle, le sienten bloqueado y crean una forma muy original para ayudarle a afrontar su sufrimiento.

Aunque  tiene aspectos un tanto fantásticos, también nos recuerda que “el duelo es único” y que “cada uno lo llevamos a nuestra manera”, “que el tiempo solo no cura” y “que la muerte y la vida forman parte de las misma realidad”. Una película muy recomendada para comentar con nuestros adolescentes.

4. Un monstruo viene a verme (2016).  No recomendada para menores de 12 años.

Conor O´Malley es un chico que a sus 13 años ha tenido que asumir muchas responsabilidades. Tras la separación de sus padres y la grave enfermedad que padece su madre, se ha visto obligado a tomar las riendas de su hogar.

Conor ha creado un mundo de fantasía que le permite escapar de su rutina y superar sus miedos. Unos minutos después de la medianoche, este niño despierta y se encuentra con un monstruo. Pero no se trata de la aterradora criatura que él esperaba, este monstruo es muy diferente, y quiere lo más peligroso de todo: la verdad. ¿Cómo creéis que ayuda la verdad en los procesos de duelo?, ¿es peligroso o simplemente nos asusta?

 

Esperamos que os emocionéis y disfrutéis tanto como nosotras. ¿Nos dejáis vuestras opiniones sobre las mismas? ¿Os han gustado? ¿Os habéis sentido identificadas o identificados? ¿Qué  reflexiones os han supuesto?

Si pudiera… cambiar la realidad

En el acompañamiento que como profesionales realizamos a las personas día a día en sus pérdidas y en su dolor, a veces nos encontramos con algunas personas que tienen la capacidad de expresar sus emociones y su sentir no solo a nivel verbal, sino que utilizan otros lenguajes más personales que les permiten crear “pequeñas obras” literarias u otras artes. Son su manera de lograr una expresión más íntima y personal de lo que sienten, de lo que les sucede por dentro ante la muerte, la enfermedad o la ausencia de personas significativas de sus vidas.

Crean pequeñas joyas, casi siempre cargadas de belleza que traspasan la practicidad cotidiana, y dejan atrás el vocabulario habitual para alcanzar una mayor conexión y una forma única de expresión y comprensión de su dolido mundo emocional. Sin duda son de gran ayuda para sus autores, ya que les permiten bucear dentro de sí mismos en una búsqueda profunda de emociones y sentimientos que siempre están cargados de un contenido importante que merece ser atendido y escuchado.

A menudo encontramos expresiones sentidas, íntimas y muy personales que reflejan con fuerza el momento en el que se encuentran sus procesos de duelo, y que sin duda son fuente de conocimiento de cómo es su duelo.

Hoy queremos compartir con vosotras y vosotros una poesía que ha escrito una persona que está viviendo el duelo por pérdida de su pareja en Goizargi. La escritura es para él una herramienta de expresión, vincula las palabras, las ordena hasta dar con una forma única de decirnos cómo está, qué siente, que desearía. Contiene su realidad, su dolor, sus anhelos… Nos dice tantas cosas…

En su dolor y su generosidad, permite que podamos acercarnos a su vida regalándonos este poema que él ha tejido con sus lágrimas y que sin duda vais a saber leer, sentir y comprender en un plano único, personal y cercano, ya que el dolor tiene la virtud de acercarnos y unirnos.

 

Si pudiera… cambiar la realidad

Si pudiera
hacer un nido con mis manos
donde pueda habitar una paloma,

Si pudiera
con un beso hacer sanar la herida
de un triste corazón abandonado,

Si yo pudiera
lograr que las estrellas devolvieran
su luz al firmamento,

Si pudiera
hacer con la mañana una sonrisa
que cubriera de escarcha el horizonte,

Si pudiera
acariciar a un niño sin herirlo,
contar cuentos de miedos a la luna,
perderme entre la niebla y ser de musgo,
hundirme en las entrañas de la tierra
y allí poder echar raíces como un árbol,

Si pudiera
hacer que este dolor se desvanezca
y esconder en la luz el universo,

Si pudiera
hablar con Dios solo un momento
y Él me respondiera, entonces,
le diría…

(J. L. A.)

 

No queremos estropear con alguna reflexión torpe este poema, solo esperamos que podáis disfrutar la belleza, la sensibilidad, el amor y el afecto con el que ha sido creado y saber y sentir que es “fruto” del dolor de la pérdida.

“En el GAM nos comprendemos y eso lo es todo”

En Goizargi ofrecemos diversos servicios acorde con las necesidades de nuestras personas usuarias. Uno de ellos es el GAM (Grupo de Ayuda Mutua), un espacio de comprensión y normalización del proceso de duelo entre personas a las que les une una misma circunstancia vital y un proceso emocional similar. También es un lugar que brinda la posibilidad de establecer nuevas relaciones y amistades. El grupo se junta cada 15 días y está acompañado por dos facilitadoras voluntarias de la asociación.

Para poder entender lo que significa os dejamos unas frases y reflexiones de las personas del grupo sobre el mismo: ¿Qué significa el GAM para ti? ¿Qué te aporta?:

🦋 “Para mí es la continuación positiva del duelo, aprender a vivir sin ellos”

🦋 “Aquí hemos podido conocernos a fondo, entablar relaciones con personas que están en las mismas circunstancias que yo. Es realmente reconfortante”

🦋 “El GAM me ayuda a soportar esa sensación de soledad, ante la ausencia de mi mujer, que vivo a diario”

🦋 “Cuando has vivido algo que te ha marcado tanto y te juntas con personas que han vivido circunstancias parecidas, te das cuenta de que sus experiencias te pueden ayudar y las tuyas pueden ayudar a los demás”

🦋 “Los problemas compartidos son menos problemas y las alegrías compartidas son más alegrías”

🦋 “En el GAM nos comprendemos y eso lo es todo”

¡SERENA Y FELIZ ENTRADA A 2020!

Llegado este día, nos resulta inevitable no hacer un balance de año y un inventario de aprendizajes y desaprendizajes.

Cerramos el año con casi 200 acogidas. 200 personas que se han acercado a las puertas de Goizargi buscando un refugio donde poder reconstruirse, dolerse y sanarse.

No tenemos palabras para describir todo lo que significa este hecho para nosotras.

Solo podemos daros las GRACIAS y mandaros abrazos rellenos de kilos y kilos de cariño por la confianza depositada en nosotras cada día, desde el principio hasta el final de cada proceso que hemos podido acompañar.

Gracias por elegirnos como acompañantes. Es una responsabilidad y un honor para nosotras y por ello seguiremos trabajando como hasta ahora.

Gracias por hacernos cómplices de un fenómeno sin igual que es la cicatrización de la herida en el alma. “Dolor. Duele. Duelo. Sanar. Volar”.

Gracias a todas las personas que confiáis, apoyáis y nos seguís cada día.

Despedimos el 2019 con los ojos llenitos de agua de orgullo, con un suspiro profundo, con una sonrisa de satisfacción, con recuerdos, con la mano en el corazón, con vuestro recuerdo, con mil deseos, con fuerza, con la mirada levantada hacía el 2020. Juntas. Juntos.

Estuvimos, estamos y estaremos.

Gracias 2019.

Hola 2020…

¡SERENA Y FELIZ ENTRADA A 2020!

Equipo de Goizargi.