¿Cómo utilizar el dibujo como medio de expresión?

En nuestra sociedad nos cuesta mucho dar espacio y lugar a las emociones, no a todas, pero sí a la mayor parte de las que vivimos en los procesos de duelo. La alegría o el amor lo compartimos sin ningún problema, forma parte de nuestras relaciones sociales y estamos acostumbrados a expresarlo, a verlo y escucharlo en nuestro alrededor, pero ¿qué ocurre con otras emociones como la tristeza o el enfado? 

Parece que hemos «catalogado» las emociones en dos grupos, las positivas y las negativas, forjando una tendencia a evitar aquellas que consideramos negativas o nos producen dolor, creyendo que así no lo sufriremos. Esto ha generado una dificultad en nosotros a la hora de expresar nuestras emociones en sociedad, de darnos el permiso de darles su lugar y compartirlas con nuestro alrededor.

Asimismo, esto se les transmite a las y los más pequeños, aunque ellos todavía se dan el permiso de expresar cada emoción que aparece en sus tripas. La dificultad que podemos encontrar en ellos es la del conocimiento y reconocimiento emocional, ya que están en un continuo proceso de aprendizaje a todos los niveles y necesitan a las personas adultas como modelos para conocer las emociones y su expresión.

Cuando no podemos compartir y expresar verbalmente nuestras emociones, utilizamos muchas herramientas que nos permiten expresarlas de diversas maneras, entre ellas podemos usar el deporte, la música o el dibujo. Esta semana, vamos a darle un espacio al dibujo como medio de expresión, no solo en la infancia, también en la etapa adulta. El dibujo es una herramienta de expresión que nos acompaña desde bien pequeños y que, de forma muchas veces inconsciente, hemos utilizado para expresar lo que no podemos con palabras.

Sacar la emoción

Podemos utilizarlo en aquellos momentos que sentimos la necesidad de sacar esa emoción, pero no sabemos hacerlo con palabras o preferimos hacerlo en la intimidad. No necesitamos que exista un objetivo concreto, simplemente podemos coger un folio y diversas pinturas, buscar un espacio tranquilo y cómodo en el que sintamos seguridad, y darnos el permiso de sentir aquellas emociones que se mueven en nuestro interior y darles forma en el papel. Muchas veces, relajarnos y respirar profundamente nos ayuda a sentir más tranquilidad en nuestro cuerpo y permitir que las emociones aparezcan. Podemos incluso cerrar los ojos e intentar escuchar nuestro cuerpo, ver si se mueve o, incluso, si hay partes del mismo que molestan o están tensas, como si sostuvieran alguna emoción. Mirándolo, escuchándolo, sin juicio, permitimos que nuestro cuerpo se suelte y la emoción aparezca poco a poco.

Hay momentos en los que necesitamos algo más para conectar con nuestras emociones, buscar estímulos que nos permitan esa conexión puede ser de ayuda para luego darles lugar a través del dibujo. Una canción, una película o una reflexión sobre las emociones podría facilitar esa conexión y después acompañarnos en la expresión.

Cuando utilizamos el dibujo en las y los más pequeños es necesario que reciban una pequeña guía, que hablemos con ellos sobre las emociones, que las conozcan y, después, intentar facilitar que las reconozcan en ellos mismos. Pedirles que dibujen cómo son sus emociones, compartir un recuerdo o una vivencia con ellos y que dibujen cómo se sintieron entonces, incluso que dibujen cómo ha sido su emoción a lo largo de un tiempo o proceso. Esto les ayudará a conocer su mundo emocional, a normalizarlo y tomar consciencia de que cada emoción tiene su lugar y su función, nos acompañan en diferentes momentos de nuestra vida, son como guías que nos muestran cómo está nuestro cuerpo y, muchas veces, cuáles son nuestras necesidades.

La verbalización emocional en la infancia es muy limitada, por lo que el uso del dibujo nos puede facilitar la expresión y ayudar a conocer su emoción y acompañarla de la forma más adecuada. Es importante, en el caso que así lo veamos necesario, dar un espacio a compartir los dibujos con las y los más pequeños, esto nos dará más información sobre su emoción y también fomentará el conocimiento y expresión verbal de sus emociones. Sería vital favorecer la expresión de cualquier emoción, desde bien pequeños, fomentando así la elaboración de herramientas que nos acompañen a lo largo de la vida, facilitando el reconocimiento, la expresión y la gestión emocional.

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